En las manos del destino
Un gran general, llamado Nobunaga, había tomado la decisión de atacar al enemigo, a pesar de que sus tropas fueran ampliamente inferiores en número. Él estaba seguro que vencerían, pero sus hombres no lo creían mucho. En el camino, Nobunaga se detuvo delante de un santuario Shinto. Declaró a sus guerreros: -Voy a recogerme y a pedir la ayuda de los kamis. Después lanzaré una moneda. Si sale cara venceremos, si sale cruz perderemos. Estamos en las manos del destino. Después de haberse recogido unos instantes, Nobunaga salió del templo y arrojó una moneda. Salió cara. La moral de las tropas se inflamó de golpe. Los guerreros, firmemente convencidos de salir victoriosos combatieron con una intrepidéz tan extraordinaria que ganaron la batalla rápidamente. Después de la victoria, el ayuda de campo del general le dijo: -Nadie puede cambiar el destino. Esta victoria inesperada es una nueva prueba. “-¿Quién sabe? -respondió el general, al mismo tiempo que le enseñaba una moneda trucada, que tenía cara en ambos...
Blog El Guerrero de la Quietud
Blog personal de Eloy: Este blog se creó con el objetivo principal de expresar mis ideas y sensaciones sobre mi práctica en Jisei Do, Karate y las Artes Marciales. Ir al Blog
Reflejo de la Vida
Había una vez un sabio anciano que pasaba los días sentado junto a un pozo a la entrada de un pueblo. Un día pasó un joven, se acercó y le preguntó lo siguiente: Nunca he venido por estos lugares, ¿cómo son la gente de esta ciudad? El anciano le respondió con otra pregunta: ¿Cómo eran los habitantes de la ciudad de donde vienes? Egoístas y malvados, por eso estoy contento de haber salido de allá. Así son los habitantes de esta ciudad, le respondió el anciano. Un poco después, pasó otro joven, se acercó al anciano y le hizo la misma pregunta: Voy llegando a este lugar, ¿cómo son los habitantes de esta ciudad? El anciano le respondió de nuevo con la misma pregunta: ¿Cómo son los habitantes de la ciudad de donde vienes? Eran buenos y generosos, hospitalarios, honestos y trabajadores. Tenía tantos amigos que me ha costado mucho separarme de ellos. También los habitantes de esta ciudad son así, respondió el anciano. Un hombre que había llevado sus animales a beber agua al pozo y que había escuchado la conversación, en cuanto el joven se alejó le dijo al anciano: ¿Cómo puedes dar dos respuestas completamente diferentes a la misma pregunta realizadas por dos personas? Mira, respondió el anciano, cada persona lleva el universo en su corazón. Quien no ha encontrado nada bueno en su pasado, tampoco lo encontrará aquí. En cambio, aquel que tenía amigos en su ciudad, también encontrará amigos fieles y leales en cualquier parte. Porque las personas son lo que encuentran en sí misma, y encuentran siempre lo que esperan encontrar. Foto:...
Choyu Hentona
Fecha de nacimiento: 16 de Abril de 1948 Lugar de nacimiento: Koza-shi (Okinawa-shi) Residencia: Madrid Estilo: Goju-ryu Profesión: Profesor de Karate y Kobudo Grado: 9º Dan GOJU-RYU KARATE-DO y 9º Dan de KOBUDO El maestro Choyu Hentona nació el 16 de abril de 1948 en Koza-shi (Okinawa-shi), la segunda ciudad en importancia, tras la capital Naha, de la isla de Okinawa. Choyu Hentona nació tres años después de la batalla de Okinawa, en los peores años de la posguerra. Sus padres trabajaban de sol a sol para poder mantener a la familia, mientras él y sus hermanos vivían prácticamente al cuidado de sus abuelos paternos. La familia Cho, de la que el abuelo Chosho era el patriarca, descendía de una antigua familia de samuráis con escudo nobiliario que había servido a la monarquía autóctona alcanzando sus miembros el rango de Sô-uji, uno de los más altos concedidos a los mi litares nobles por el rey de Shuri hasta la dominación japonesa del clan Shimazu en 1609. Chosho, el abuelo, era un hombre singular que ejerció una poderosa e indeleble influencia en Choyu Hentona. Era propietario de tierras dedicadas a la agricultura que fueron tras la guerra ocupadas por los norteamericanos para construir en ellas la mayor base militar de la isla. Se había especializado en la construcción de pozos para regadío que realizaba con grandes bloques de piedra. Para ello se precisaba una fuerza descomunal, que el abuelo Chosho tenía, unida a una gran pericia, en la que el uso del bo para mover las piedras ocupaba un papel fundamental. En aquellos duros años, cuando se carecía de todo tipo de juguetes o de cualquier otra distracción -ni siquiera tenían un aparato de radio-, la mejor noticia para Hentona y sus hermanos era la llegada a casa del abuelo Chosho a la caída de la tarde, tras su larga jornada de trabajo. Los nietos le esperaban impacientes para escuchar sus historias y degustar los frutos silvestres que, a modo de golosinas, solía recolectar por el camino para ellos. Él entonces les hablaba del Bushido, de las formas tradicionales de combate en Okinawa desarrolladas a partir de la prohibición de llevar armas en la isla, de antiguos guerreros y luchadores, de sus combates y estrategias; al tiempo que les enseñaba como un juego los rudimentos del Karate y el Kobudo (en especial el uso del bo), despertando muy pronto en su nieto Choyu el interés por estudiar Artes Marciales. La naturaleza inquieta del joven Choyu Hentona, unida a la profunda vocación marcial despertada en él por su abuelo, hicieron que a los 8 años comenzara a practicar Karate de manera...
El Saco de Clavos
Cuenta una vieja leyenda budista que un niño tenía mal genio. Su padre, un viejo sabio, le dio un saco de clavos diciéndole que cada vez que perdiese la paciencia debería clavar un clavo detrás de la puerta. El primer día, el niño clavó treinta y siete clavos. A medida que iba aprendiendo a controlar su carácter, clavaba menos clavos. Con el tiempo, descubrió que era más fácil controlar su genio que clavar clavos detrás de la puerta. Llegó el día en que pudo controlar su genio durante toda una jornada. Después de contarle a su padre lo sucedido, este le aconsejó que retirase un clavo cada día que consiguiese dominar su genio. Los días pasaron y, finalmente, el joven pudo anunciar a su padre que ya no quedaban más clavos detrás de la puerta. Su sabio padre lo tomó de mano y, llevándolo hasta la puerta, le dijo: Hijo mío, advierto que has trabajado duro, pero observa ahora todos esos agujeros que hay en la puerta, Ya nunca más será la misma. Cada vez que pierdes la paciencia y te dejas llevar por la ira, dejas cicatrices exactamente como las que vez aquí. Puedes insultar a alguien y retirar el insulto, pero dependiendo de la forma cómo hables podrás resultar devastador, y la cicatriz de tus palabras quedará para siempre. Una ofensa verbal puede resultar tan dañina como una ofensa física. Una persona encolerizada está llena de un poderoso veneno generado por ella misma. Si no encuentra en dónde derramarlo, lo hará dentro de sí misma. Aquel que aplica un castigo estando lleno de ira no corrige, sino que se...

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