Los efectos de la competición en los niños
Sep22

Los efectos de la competición en los niños

Koncha Pinós- Pey   En septiembre los padres volvemos a la carrera contrarreloj de libros, libretas, mochilas, lápices, batas… Algunos investigadores afirman que el estrés y la competición tienen una cara positiva, llegando a asegurar que los alumnos que compiten entre sí sacan mejores notas. Pero ya sabemos por propia experiencia vital que tener éxito en los exámenes no significa que hayamos aprendido algo de lo dicho en clase. De hecho, los investigadores han descubierto que la cooperación y el altruismo son una herramienta mucho más efectiva que la competición, probablemente porque esta genera altos niveles de ansiedad y rompe el arco de la motivación a medio y largo plazo. La competición ha llevado al engaño en el ámbito profesional a deportistas de elite. Someternos continuamente a esta alta presión lo único que hace es deshumanizar nuestro proceso de aprendizaje. Si seguimos utilizando la herramienta de la presión como elemento motivador, no debe sorprendernos que haya violencia en las escuelas. Por otra parte, también las expectativas negativas de los padres, en términos de competitividad, ansiedad y estrés, influyen en los niños. Todos conocemos a padres que presionan a sus hijos para que obtengan los mejores resultados académicos, entren en el equipo de fútbol en el que ellos no pudieron entrar, vayan a tal universidad o estudien una carrera para obtener un trabajo mejor pagado. Algunos padres tienen un gran “ego” con el que envuelven las notas de sus hijos. Los mismos que acaban llevando a sus hijos a la sala de espera del psicólogo con diagnóstico de estrés severo. Ahora que empieza el curso y estamos tan llenos de buenos propósitos, podríamos nutrir a nuestros niños con el bálsamo de la autonomía y la confianza, dejar que sus propias habilidades se desarrollen en lugar de llevarles continuamente al escenario de la competición académica. Si de tanto tensar la cuerda acabamos obteniendo el fracaso escolar, no nos sorprendamos. Carl Honoré ya nos lo advirtió en su libro Bajo presión del peligro del exceso de exigencia, del perfeccionismo, y nos invitó al “elogio de la calma”, mucha calma, muchísima, para no tenerle miedo al “uno mismo” y poder autoeducarse sin tener que echar mano de tanto libro de autoayuda. Vivimos en una sociedad TDAH Los padres tenemos miedo a la responsabilidad de educar. Nos resulta más fácil dejar a nuestros hijos en manos de otros para que los eduquen, cada vez a edad más temprana. La sobreprotección es el enemigo de la autonomía. La agenda de nuestros hijos está llena antes de que inicien el curso escolar, sin preguntarles previamente a ellos qué les gustaría hacer este curso que comienza. La formulación educativa que estamos instaurando conduce...

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Cuida de tu compañero
Sep16

Cuida de tu compañero

Antonio Leyva Todos hemos visto esto antes, un alumno novato que es intimidado por un veterano, o un nuevo alumno demasiado fogoso que quiere “consolidarse” en el grupo nada mas llegar, usando intensidad excesiva en los entrenamientos. Este tipo de conductas son en primer lugar estúpidas y analizaremos un poco más adelante por qué, pero sobre todo, son peligrosas para los compañeros y han de ser erradicadas en su mismo origen. Siempre está a mano la escusa del “realismo” para justificar intensidades no deseadas hacia la otra parte. Lo cierto es que ese “realismo” no se suele entender correctamente. El “realismo” no es un término absoluto, sino muy relativo. No es lo mismo aprender que poner a prueba lo aprendido. Durante el aprendizaje, hemos de ponerle las cosas fáciles al compañero. Pongamos un ejemplo con la natación. A uno no le tiran en mitad del mar, le indican la dirección donde encontrar tierra firme y le dejan a su suerte. Desde luego sería muy “realista”, pero lo más probable es que terminase con un ahogado más en el mar… En vez de eso, te llevan a una piscina, donde en caso de necesidad, la profundidad es poca, pudiendo incluso hacer pie y poco a poco, te van incrementando la dificultad de los ejercicios, hasta que finalmente nadas solo. Y a pesar de saber nadar, el instructor sigue sin dejarte en medio del mar para ver que tal te las apañas. Lo que es seguro es que el logro de efectuar una determinada serie de “largos en la piscina” sin pausa alguna, es una meta que se alcanza pronto, usando este método de dificultad progresivo. Si el primer día, te piden veinte largos de piscina, sin saber nadar, simplemente, ni los harás ese día ni nunca. Un alumno “nuevo” y “nuevos” somos todos cada vez que nos iniciamos en una habilidad o simplemente en una técnica nueva, necesita aprender paso a paso, probar de forma lenta y simple cada elemento nuevo y así adquirir dominio en su gestión. Por supuesto, una persona de dilatada experiencia, aun teniendo que “tomarse las cosas con calma” cada vez que aprende algo nuevo, puede en función de su bagaje previo, hacer las cosas por primera vez mejor que muchos después de años de práctica. Pero lo que es indudable es que en cualquier caso, su facilidad para realizar una determinada técnica será mucho mayor después de una cierta cantidad de repeticiones “controladas”. Toda técnica tiene un cierto número de “claves” o condiciones que han de cumplirse de modo simultaneo para resultar efectiva. Es sencillamente imposible (o al menos altamente improbable) que en la primera...

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Amor y Amabilidad contra Ira y Resentimiento
Sep08

Amor y Amabilidad contra Ira y Resentimiento

Yolanda Calvo- Psicóloga     Una de las emociones destructivas que a las personas les da más vergüenza confesar son aquellas derivadas de la rabia, especialmente la cólera y la ira. A nadie le gusta reconocer que se deja llevar por la ira dando voces o golpes. Nuestra sociedad censura este tipo de conductas que son, sin embargo, más frecuentes de lo que se piensa. Otras emociones más frías, derivadas también de la rabia, el resentimiento y el rencor, se reconocen un poco más, aunque es bastante común que la persona que guarda rencores no los reconozca por no ser consciente de que alberga esas emociones. A menudo nos convencemos de que “hemos perdonado pero no olvidado” para negarnos, a nosotros mismos, que albergamos resentimientos.         Podemos hablar de que hay una emoción básica, la rabia, el enfado, de la que se derivan otras emociones secundarias más calientes o más frías. Las emociones calientes, la ira o lacólera son un enfado extremo caracterizado por un deseo de venganza; la irritabilidad, hace referencia a una propensión al enfado o a la ira; y, por otro lado, entre las emociones frías el resentimiento,volver a sentir, hace referencia al enojo por algo del pasado, que todavía nos duele y enfada, mientras que el rencor es un resentimiento arraigado y tenaz. La rabia es una emoción básica, muy primitiva, que surge en los niveles más profundos y primitivos del cerebro, en el cerebro reptiliano, en el que ante una amenaza el individuo (animal o humano) responde con la respuesta deLucha (rabia) o Huída (miedo). Fisiológicamente la ira y la cólera se caracterizan por una subida de la tasa cardíaca y de la presión arterial, y de los niveles de adrenalina y noradrenalina, un perfil que permite el ataque. Aunque siempre hay diferencias individuales, habitualmente se siente en las manos (por aumento del flujo sanguíneo en las mismas que se predisponen a agredir), y la mandíbula (dispuesta a morder), algunas personas también lo sienten en los pies (dispuestos a dar patadas), y en el centro del pecho, un poco hacia la izquierda. Normalmente damos motivos que “justifican” nuestro resentimiento o estallido de cólera, poniendo siempre las causas en los demás y no en nosotros mismos. Y, al hacerlo, no hacemos más que perpetuar estas emociones negativas y mantener el daño que nos ocasionan y que ocasionan en otros. Hay algunos factores que pueden generar una mayor irritabilidad que hace que la persona pueda estar más propensa a un estallido de rabia o ira: el cansancio, el sueño, el hambre, la sed, el dolor, los cambios hormonales, la frustración sexual (esta es muy importante porque es más fácil ser conscientes de que tenemos hambre o cansancio, que de que tenemos...

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El paquete de golosinas
Sep01

El paquete de golosinas

Fernando Martín He tenido y tengo amigos y conocidos que la vida les ha dado un aviso con Mayúsculas, unos pocos se han dado cuenta del valor del momento, del inmenso valor del ahora, de lo esencial de la vida. Otros por el contrario, al principio parece que despiertan de un mal sueño pero poco a poco van cerrando los ojos y vuelven a seguir el ritmo que la sociedad, el trabajo, la familia, les marca, sin ser conscientes de su propio ritmo. Al final a algunos, la vida les vuelve a dar un revés más fuerte y se marcharon sin haber despertado… sin haber descubierto el propósito de su vida o por lo menos saborear un poco de paz y felicidad. No suelo mirar hacia algo tan etéreo como el llamado “futuro”, se del valor del aquí y el ahora como algo real y tangible. No suelo contar mis años y mucho menos imaginar los que me quedan, pero cuando uno llega a una cierta madurez y en una visión de calculo, te das cuenta de los años recorridos y de la posibilidad cronológica de vida, te percatas de que supuestamente lo que te queda para transitar por ella es como mucho, menos de los que has vivido hasta ahora. Podríamos compararlo con aquel niño que en los versos de Mario de Andrade, tenía un paquete de golosinas, lo abrió y las comió con entusiasmo pero cuando se dio cuenta que le quedaban pocas empezó a saborearlas una a una despacio y con agrado. Mi tiempo para las banalidades ya pasó, ya no tengo tiempo para soportar absurdas personas que ha pesar de su edad cronológica aun no han crecido. Ya no tengo tiempo para reuniones interminables y en demasía insustanciales donde en una lucha constante de egos superlativos, se discuten normativas, reglamentos y estatutos conociendo que al final no se va a lograr nada con sentido humano y práctico, quedándose en un sinfín de intereses personales y políticos.  Ya no me queda tiempo para bregar con mediocridades. No quiero que me ocurra lo que decía el poeta Fernando Pessoa en el Libro de desasosiego: “¡Tanto he vivido sin haber vivido! ¡Tanto he pensado sin haber pensado! Pesan sobre mí mundos de violencias paradas, de aventuras tenidas sin movimiento”.  He llegado al punto de no tolerar a manipuladores y ventajistas. Me aparto de los envidiosos, que continuamente tratan de menoscabar a los más capaces, para poco a poco apropiarse de sus talentos, territorios y ser dueños de sus logros. Me entristecen cuando lo vivo, los defectos que genera la lucha por un determinado cargo “ya sea presidente de...

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Reishiki I
Jun27

Reishiki I

Andrés López “El camino en las Artes Marciales comienza y termina con cortesía. Por lo tanto sea siempre cortés”. Proverbio de Sosai Masutatsu Oyama   INTRODUCCIÓN   Las artes marciales japonesas, tanto antiguas (Koryu Budo) como modernas (Gendai Budo), deben gran parte de su base filosófica y moral al pensamiento que integra el Bushido. Reflejan el espíritu del Bushido en los diferentes códigos de conducta o Dojo Kun que aún se imparten en los Dojo. Estos códigos buscan incorporar psicológicamente al guerrero/practicante en la sociedad civil en tiempos de paz a la vez que dan una formación moral y ética a sus practicantes.   De todos es sabido que una de las primeras cosas que se aprende al entrar por primera vez en un Dojo es todo lo relativo a la etiqueta y comportamiento en el mismo, esto es, el Reishiki y el Dojo Kun.   No obstante, suele ser algo que inicialmente no se entiende, no se valora y que se ve como un protocolo anticuado y ausente de lógica a ojos occidentales, provocando que sea un aspecto de la práctica tomado a la ligera en muchas ocasiones y, tristemente, ausente en muchos Dojos gimnasios. Esto nos hace perder una parte importante del espíritu de estas disciplinas, además de la utilidad de las mismas.   En nuestro caso, como practicantes de artes marciales japonesas intentaremos analizar y estudiar lo relativo al Reishiki en las mismas.   KANJI   Existen muchas palabras usadas en el Dojo que incluyen el término REI, como son Reiho, Reigi, Reigisaho, Reisansoke o Reishiki. ¿Por qué tantas? ¿Qué significan realmente? ¿Qué diferencia semánticas existen entre ellas?   Veamos los caracteres chinos empleados en la escritura japonesa por separado: 礼 (Rei). Traducido comúnmente como “Saludo”, posee además las siguientes connotaciones: costumbres sociales, modales, rito, comportamiento social adecuado (en el confucianismo), propiedad, cortesía. El mismo kanji es usado en el código del Bushido para Respeto (una de las siete virtudes). Indica que los samuráis no tienen motivos para ser crueles. No necesitan demostrar su fuerza. Un samurai es cortés incluso con sus enemigos. Sin esta muestra directa de respeto no seríamos mejores que los animales. Un samurai recibe respeto no solo por sufiereza en la batalla, sino también por su manera de tratar a los demás. La auténtica fuerza interior del samurai se vuelve evidente en tiempos de apuros. El respeto con todos es un gran ejemplo de humildad y requiere más fuerza y contención que la agresión o el dominio (comportamientos nacidos de la inseguridad). Este carácter ya lo empleaban los chinos para Li (礼, decoro o etiqueta). Es una de las cinco constantes para la promoción de las virtudes en el confucionismo. Se refiere a cualquiera de las funciones sociales seculares de...

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Sólo los artistas marciales saben pelear…
Jun14

Sólo los artistas marciales saben pelear…

Antonio Leyva   “El boxeo no es real porque no tiene patadas“. “Mi estilo es mucho más marcial porque atacamos a los puntos vitales“. “En la calle no hay un árbitro que pare el combate“. “En la calle no hay reglas“. ¿Lo has escuchado alguna vez?. Yo muchas y la realidad es que algunas partes son ciertas. En boxeo no se dan patadas. En los deportes de contacto se usan protecciones y se limita el uso de ciertas técnicas. Las reglas, que están para proteger al competidor, determinan de un modo decisivo la técnica que éstos usan y en muchas ocasiones generan vicios que en una situación diferente al de su reglamentado método de combate, son de un altísimo riesgo. Todo eso, es rigurosamente cierto. Pero hay algo que se olvida con demasiada facilidad. Con o sin reglas, los deportes de contacto, buscan vencer de forma manifiesta, contra un rival que también quiere ganar. O sea que dentro de sus reglas, pelean con todo el realismo posible contra adversarios que no solo no colaboran sino que se oponen con violencia. Si observamos un combate de boxeo, vemos que se lanzan un gran número de golpes, pero que muchos de ellos no llegan a dar en el blanco y que cuando lo hacen, raramente suponen un KO inmediato (Tyson parte). Y eso le pasa a gente que SI quiere golpear con contundencia y que no “frena la manos”. Por contra si contemplamos una demostración de cualquier arte marcial, el maestro cada golpe que usa, contacta con el rival, cada técnica es definitiva y nunca “recibe” por parte del compañero de exhibición, que seguramente es su alumno y no un “igual”. Es cierto que en un enfrentamiento deportivo, cuentas con ciertas garantías de que “sí” y de que “no” va a suceder. No vas a ser atacado antes de sonar la campana, el combate se va a realizar dentro de un ring, sólo vas a tener, pase lo que pase, un rival, no hay posibilidad alguna de que nadie use armas, no necesitarás huir si pierdes, porque no te van a rematar en el suelo… Por eso “tanteas” al rival, lanzas técnicas sin la certeza plena de que van a ser definitivas, te permites estrategias “suicidas” como cansar al contrario encajando sus golpes… En una situación “real” lo último con lo que cuentas es con certezas, no sabes ni lo que va a pasar ni a que te vas a tener que enfrentar al siguiente segundo. No existe la opción de “vencer por puntos o decisión arbitral”. O ganas, o pierdes, o escapas. Y no hay mucho más. Vistas así las cosas,...

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