Japón – Ritos y costumbres sociales en el Budo

ritos socialesNo debería, pero confieso que me sorprende muchísimo las explicaciones sobre los ritos sociales que acompañan a la práctica de las artes marciales. No me parecen bien, ni me parecen mal, símplemente no soy yo una persona que se atenga mucho a las convenciones sociales, no a las occidentales, así que no entiendo el sometimiento a las orientales y, muchísimo menos, cuando vienen disfrazadas de espiritualidad.

Que Japón y Occidente tienen claves culturales diferentes es tan obvio que nadie habla de ello, y ese es el problema, como todos lo damos por supuesto llega alguien y ofrece una explicación que encandila a propios y extraños por su originalidad.

Lo primero que hay que tener en cuenta al mirar a Japón es que es un pais, una nación, que en 1868, cuando los norteamericanos se plantaron en el puerto de Yokohama con sus acorazados (los de la época), estaba en lo que en occidente se conoce como Alta Edad Media. Este hecho parece no tener mucha importancia, pero lo define todo ya que habían pasado más de 200 años desde que un dictador militar (Shogun) decretara el autoaislamiento del pais prohibiendo todo contacto con el extranjero.

Por tanto, en 1868, el pais japonés se encontraba atrasado cultural, social y filosóficamente, era una sociedad tremendamente jerarquizada, clasista, estructurada en un sistema de castas sustentado por el confucionismo llamado Shinokosho (士農工商, samurai, campesino, artesano, mercader), de esta clasificación quedan excluidos los burakumin o eta, intocables, que eran las clases sociales formadas por sepultureros, curtidores y todo aquello considerado “impuro”, es decir que tuviese que ver con la idea de la muerte y la enfermedad. Las mujeres tenían un estatus diferente, con roles diferentes según su casta.

Y esto tiene su importancia cultural por que el hecho hace que la cultura japonesa no evolucionase sino que se autoalimentase en un ejercicio endogámico de reforzamiento de “lo japonés” en detrimento de lo extranjero. De este modo cuando el gobierno Meiji abre las delegaciones extranjeros, los japoneses quedan fascinados por “lo occidental” en unos casos y se clama por una vuelta al pasado en otros.

Japón se industrializa y logra un puesto entre las grandes potencias y llega a la II Guerra Mundial en posiciones de ganador, pero fracasa y debe perder su origen mitológico. Lo cual lleva al inconsciente colectivo a una caida en su autoestima. Las costumbres se relajan y occidentalizan, pero solo en parte, no puede ser de otra manera puesto que no se puede cambiar siglos de creencias y convencionalismos por Edicto Imperial.


 

Aún en los palacios más refinados, no existen las sillas, los suelos son de paja trenzada (tatami) o madera y no hay sillas. Hay mesas bajas y reposabrazos, pero no sillas. Insisto en ello. Y es que la manera de sentarse es la que llamamos “seiza” y que solemos traducir como “de rodillas”, sentados sobre los talones. Hagamos un ejercicio de paralelismo. Si asistiésemos a una escuela, donde varios alumnos esperan a su profesor, lo que veríamos sería el grupo de estudiantes sentados frente a sus mesas y en sus sillas. Si pudiésemos ir a una escuela de (por ejemplo) ikebana, veríamos al grupo de estudiantes, con el material dispuesto sobre mesas y sentados sobre sus talones, en seiza. Y si nos preguntamos la razón de esa diferencia, dado que esa postura para un occidental tiene connotaciones religiosas y espirituales, sería algo mucho más simple: no hay sillas.

Ahora pongámonos en el papel de un samurai, vestido para la batalla con su yoroi (armadura completa) su kabuto (casco) incluso sus armas. Sencillamente no puede colocarse en seiza y si lo hiciera, intentar ponerse en pie ante cualquier situación, sería poco menos que imposible. Por tanto su posición sentado es sobre una pierna, manteniendo la otra libre, normalmente en el suelo, algo parecido a sentarse “a lo indio” con las piernas cruzadas, pero sin cruzarlas.

seiza

Dada la gran jerarquización de la sociedad japonesa, la buena educación es no mirar a la cara, siendo más preciso, colocar al interlocutor en una posición de superioridad, más aún si la tiene por derecho de nacimiento. El personaje de más alto rango en una reunión se colocaba sobre una plataforma, de ese modo, con todos sentados, mantenía su posición superior. Al recibir algo, un regalo, las normas sociales hacen que se alce el objeto sobre la cabeza (hasta la frente en realidad), como si el que recibe el objeto estuviese en una posición (física) más baja en el momento de tomarlo.

El guerrero, además y siempre en su papel de guerrero y, por tanto, leal vasallo (o servidor si se prefiere), debe mostrar su falta de hostilidad (Nada raro, en occidente se levantaban el visor del casco o mostraban las palmas de las manos demostrando sus buenas intenciones, que no llevaban armas) y también su determinación, su bravura y, por supuesto, su estatus social. Para ello usaba ciertos convencionalismos, poner los puños cerrados en el suelo, de forma que todos los nudillos lo toquen, dificulta el gesto de desenvainar el sable además de forzar a inclinar levemente el torso y colocar la cabeza en una posición más baja.

Estas formalidades se extienden al lenguaje, el Keigo (敬語, literalmente “lenguaje respetuoso u honorífico”), con sus variantes dependiendo de la persona con la que se hable y a quien se haga referencia. Es bastante complicado para un occidental, incluso para los propios japoneses jóvenes que huyen de estereotipos ancestrales, por la inmensa cantidad de variaciones que contempla. Un ejemplo muy simple es añadir el prefijo O- (大 ooki, grande, gran) refiriéndose a algo o alguien de forma respetuosa, como Osensei, y aunque habrá quien diga que falto al respeto también se utiliza en Owashi (dulces) Ohana (flores) Odenwa (teléfono) para demostrar respeto por el oyente. Es el mismo mecanismo social que lo anterior: se coloca al oyente o a la persona de quien estamos hablando en un plano superior.

tokonoma, ritos y costumbres de japónTokonoma, 床の間 literalmente “espacio de la alcoba”, un lugar reservado.

Al japonés, en general, le gustan los ritos, se siente cómodo con ellos, supongo que es parte de su cultura confucionista y shintoísta y auqne hay una evolución, por ejemplo celebrando la Navidad, como todos los pueblos, siguen con costumbres ancestrales. Por ejemplo el uso del Shomen, esa pared hacia donde los alumnos forman y saludan, y el Kamiza o “lugar de los dioses”.

El concepto Armonía 和 es básico y para ello, para mantener la armonía natural en la sociedad, se presta más atención al invitado que a la propia familia. El invitado es siempre el primero que usa el Furo (Ofuro), el baño japonés, porque el agua está más limpia y caliente, la mujer de la casa la última. Es el personaje principal y al que hay que agasajar y homenajear constantemente y por encima de todo. Pero… ¿y si no hay invitados? Entonces y por lógica el papel de personaje principal será para el de mayor “rango”, ya sea el cabeza de familia, maestro, anciano… Este personaje es el que disfruta de toda la atención, en una Ceremonia de Té el que ocupa el primer lugar para todo, ya sea observar el tokonoma, o ser servido en primer lugar. Para él, para todos los invitados existe el Shomen, no solo la pared, en todo. Todo tiene su shomen aunque sea un plato, una “cara”, el punto en el que algo es, o parece, mejor o más bonito y eso es lo que se le ofrece al personaje principal.

El Shomen de un dojo es la pared más bonita, donde están los antepasados (el kamiza) y todos los adornos o, al menos, los más sobresalientes, así que el invitado o el maestro se coloca allí, en el lugar donde todos miran, el lugar que le enmarca y le hace resaltar. En una casa cualquiera, ese Shomen es donde está el Tokonoma (no existe un espacio parecido en otras culturas por lo que su traducción es difícil) y el homenajeado será colocado de forma que ese espacio sea el fondo sobre el que destaque.


Cuando alguien lego en la materia, un desconocedor de Japón y todo lo japonés ve imagenes como esta:

tiende a interpretar una espiritualidad religiosa, un respeto más allá de lo normal, sencillamente porque desconoce esta otra que es de donde procede la costumbre.
Ahora pensemos un poco ¿sería educado reunirse en un lugar para cualquier actividad sin ni siquiera saludar? Pues eso es, exactamente lo que se hace en el saludo, solo que ritualizado a gusto de la mentalidad japonesa.

En toda actividad, sea la que sea, pero especialmente cuando se trata de “hacer algo bien”, cualquier trabajo, y en equipo, los japoneses suelen dedicar unos segundos a concentrarse en lo que van a hacer, olvidar todo lo demás, cualquier idea o pensamiento que les pueda distraer, es lo que se llama Mokuto o Mokuso, y, como es natural esa costumbre también está en el entrenamiento.


Como siempre ni entro ni salgo. Esto es lo que hay detrás de todos esos “misteriosos” ritos japoneses, sencillamente una mentalidad distinta a la occidental, ni mejor ni peor. Un dojo 道場 no es ninguna iglesia ni templo, ni capilla, ni oratorio, es un lugar (場 ) donde se enseña un do (道) es decir una sala de entrenamiento, una escuela, sin más, ahora tú eres libre de convertirlo en lo que te de la real gana.

Foto portada: Luis Monteiro

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