“Vencerse a uno mismo” es una gran victoria para cualquier guerrero japonés, porque supone luchar contra el peor enemigo posible: uno mismo. Este combate es, quizás, la batalla más difícil a la que enfrentarse para cualquier guerrero.
Vencerse a uno mismo primero es adquirir la habilidad de superación personal; es ser capaz de controlar los sentimientos y los pensamientos; es dominar el propio cuerpo con la mente; es saber convertir las debilidades en habilidades; es dar valor al propio honor; es preservar los valores del “Código Bushidô”; es cultivar la esencia y no perderse en el camino; es no temer a la muerte para poder vivir.
Un guerrero debe saber y reconocer que fuera de uno mismo no existe nada, que todo lo que se busca o se necesita está en su interior, y que la propia inseguridad o el miedo puede matarle. Vencerse a sí mismo implica aplicar el espíritu de la técnica verdadera para derrotarse a sí mismo antes de querer derrotar a otros. Esta técnica conlleva una filosofía basada en la supervivencia: Enfrentarse a uno mismo con un espíritu libre que debe sobrevivir y que aprende a combatir, a vencer y a morir. El resultado es salir victorioso y fortalecido para enfrentarse a cualquier enemigo cuando llegue el momento, aceptando el destino, el peligro, el infortunio, o incluso hasta la muerte.
En la vida significa vencer toda clase de miedos y toda clase de dolor; es coser las heridas de las puñaladas que hayan logrado perpetrarnos; es recomponer los pedazos de un corazón roto; es saber olvidar lo que nos hace infelices; en definitiva, es saber llorar a tiempo y volver a reír, viviendo hacia adelante.


15 octubre, 2026
¡Hola!
La vida es creatividad pura y se expresa de manera multidimensional, tridimensional, bidimensional y en la fusión unidimensional, esos orgasmos creativos, ordinarios o extraordinarios. Si bien todo sucede al mismo tiempo, nuestra consciencia es capaz de estar presente en todas y el Yo, experimentar sus variaciones lógicas-sensitivas.
El sueño y la vigilia, el olvidar y recordar, son estados de consciencia que cuando uno está presente, el otro pasa a un segundo plano, aunque funcionen al unísono siempre.
La dualidad en la imaginación es entre el lenguaje onírico-simbólico, dónde todo es posible, y el lenguaje mecánico-literal de programación binaria y dimensional que es lo que delimita, ordena, dispone, planifica, simula y sincroniza el mapa con el territorio. Básicamente, la frontera es el filtro hacia la realidad que condiciona propiciando o interfiriendo con la consumación de un fruto creativo.
La mente y el cuerpo, es la unidad experimentada en el extremo límite e inicial de la carne, en cuyo territorio y escenario defectible, brinda el despliegue de toda la gama creativa emocional.
Por lo cual, estamos dentro de un jardín de aprendizaje. La carne es el espacio en dónde todo es posible, desde lo más hermoso hasta lo más aberrante, conciliándolo entre la fragmentación en el olvido y la reproduccion en el recuerdo.
La situación paradojal también se comprende desde la interpretación del tiempo mediante el código binario:
↑(1;1); (0;0)↓; ←(1;0); (0;1)→
Presente en el equilibrio de los polos; silencio del todo en la nada; pasado en el retorno a la esencia; futuro en el avance trascendente.
Está cruz imaginaria establece un centro de consciencia en dónde parten los rayos que recrean los espacios recreativos de realidad.
En el sueño todo es eterno e inconmensurable, pero el deseo y la teoría, siempre mueren en la realidad y viven en la experiencia.
En un espacio sin contradicción. Sin embargo se recrea una cuando se instala un conflicto de relatividad entre los polos mente y cuerpo; femenino y masculino, naturaleza y Yo. La abrupta separación conlleva a la lógica unión bajo lo que ya está unido esencialmente. El efecto es el vínculo entre lo inocente con lo aberrante o perverso que provocó la separación, y que obliga a cargar la verdad con las mentiras, la certeza con las dudas, la cura con los venenos y la libertad con las cadenas. Un barro utilizado convenientemente durante la historia escrita, para dar forma al Hombre que sirve al imperio y su lenguaje.
Existe una gran diferencia entre construir una casa desde los cimientos y la de partir desde dentro de una estructura ya hecha. En una se sale sin inconvenientes de cualquier artificio o ilusión, mientras en la otra, se convierte en una cárcel o en hechizo, en dónde las variantes creativas retroalimentan el circuito como la única realidad. Naturalmente, es imposible salir si se usan los mismos códigos confusos que procuran el estado y que asimilan todo lo nuevo en favor del sistema.
Por lo cual, la consciencia del Yo queda presa bajo la interpretación de la mecánica bidimensional que gobierna la creatividad, y así el mapa de estructuras virtuales sincronizado con el territorio de estructuras físicas predefinidas.
El resultado, es la representación del conflicto entre la mente y el cuerpo, como entre el cuerpo y el ambiente, en la enajenación con la propia naturaleza bajo la extrañeza de un Yo fantasma, asociado a esa inocencia creativa pervertida y secuestrada, también vendida como la tierra prometida bajo el símbolo de Dios, Estado y ahora I.A..
La infección se da entidad en el proceso natural del aprendizaje, pero constituyendo un bucle de desfogue de la virtud reprimida. Esta condición es la máxima para el intercambio comercial en todo tipo de relaciones. Así se confunde el permiso como derecho.
El arquetipo configurado es del amo y el esclavo, extremos de una misma vara o cuerda disonante.
El programador del circuito cerrado, crée ser el amo del tiempo, mientras el programado, un esclavo creido de estar en alguna parte de la secuencia.
Lógicamente, una idea es un fantasma imposible de vencer, ya que se pelea consigo mismo.
Ningún iniciado, creyente, cliente, consumidor, paciente, obediente o experto, elige al papa, rey o presidente, tampoco al director, gerente, juez, pastor ni general. Y menos al dueño del dinero, de la tierra o de la corporación en donde trabaja. Son ceros detrás de unos.
Los unos en la infinitud, mientras los ceros pagan la cuenta de su culpa.
Ya sea si hay una dictadura financiera, democrática, militar, teológica, monárquica, tecnocrática o un hexágono de ellas, la gente lucha siempre por lo amado, construido y festejado, pero con las cadenas de ficciones y teatros, acuñadas con libros sagrados, constituciones y softwares.
El lucro en el defecto hermanado con la resiliencia en la virtud, mantiene el gobierno de la carencia, y a los huérfanos de consciencia atados a sus defectos.
Es un circo, teatro y casino, en donde la casa siempre gana.
Nadie dejaría que un demente gobierne a sus niños bajo la fuerza bruta, el engaño y la corrupción, sin embargo, son los adulterados y asimilados los que trabajan para adaptarlos con sus ejemplos, de una manera inconsciente y sumisa.
La empresa fabrica de acuerdo a lo programado, es lo que es, y da lo que es.
Todo es diseñado, las guerras, crisis, degradaciones e intoxicaciones de la mente, cuerpo y ambiente, son los instrumentos de renovación del bucle del sistema para sostener las condiciones ideales de consciencia, en dónde birllan en la mediocridad con ropajes de progreso. Su corazón, es la creencia financiera, su cerebro, el hechizo ideológico, y su cuerpo la masa dominada.
Sectas individualistas y colectivistas bailan al mismo son.
Básicamente, es un parasitismo iniciado de una infección ideológica y fisica, sellado con un ritual de confirmación y sumisión. La brujería de toda la vida, pero ultra sofisticada.
Los engaños son masivos y han costado millones de vidas, descartadas como basura. Por eso la gente prefiere dormir ante desmesurada locura. Aunque nadie es ajeno a las señales de las virtudes o defectos, ni del dolor o sufrimiento. Las realidades nunca mienten.
Ningún entretenimiento es suficiente para tal disonancia cognitiva. Es la existencia gris.
Afortunadamente existe el arte, el lenguaje de la naturaleza, que va más allá del academicismo y cientificismo. Con él, el contenido anímico recupera el título alodial, convirtiéndose en materia prima creativa.
Ser y estar, dejan de ser cómodos sirvientes de la máquina bidimensional y binaria, cuyos trucos pueden ser descubiertos por cualquiera.
La estupidez, esclavitud y tiranía, tienen sus días contados, aunque muchos estiran el tiempo.