KARATE-DO Y SOCIEDAD

Fernando Martín Millana CN-7ºDan

Durante mi exposición intentaré plasmar algunas de las facetas que hacen que el karate-do pueda ser una herramienta valiosísima como elemento integrador del individuo (niño o adulto) en una sociedad llamada moderna, acelerada al máximo, derrotista en sus conceptos, pragmática, exigua de valores, violenta a veces y llena de riesgos. Pero en el fondo, la sociedad en la que nos ha tocado vivir, desde luego con muchísimas cosas buenas también.

Practicar karate-do, hace tiempo que dejo de ser la búsqueda de la piedra filosofal, el arte marcial que nos iba a hacer unos superhombres, la enigmática forma de lucha oriental que nos iba a hacer invencibles. Ya nadie va buscando un templo donde un señor con la cabeza rapada y los ojos rasgados, nos va ha guiar a través de nuestra vida.

Tampoco la gente va a un gimnasio de karate-do a perder el tiempo o simplemente a pasar el rato, para eso el propio gimnasio le ofrecerá otras alternativas “pesas, cardio fitness, aerobox”.

El público en general sabe lo que quiere pero no lo que busca, es más exigente y no le gusta sufrir demasiado.

El karate-do se esta convirtiendo en un fenómeno evolutivo y profesionalizado, moderno pero con raíces antiguas, con una significación tanto social como individual importante. Por lo cual intentaré no hacer una exposición teórica de hechos, metodologías o logros conseguidos, intentaremos hacer un recorrido social, analizando lo más escuetamente posible los diferentes valores y contenidos del karate-do como deporte y budo y en su relación con la sociedad actual.

INFLUENCIA SOCIAL DEL DEPORTE

Según García Ferrando,”Conocer significa seleccionar, y por tanto omitir. Ningún modelo teórico puede aspirar a conocer toda la realidad social, a ser completamente objetivo y omnicomprensivo, lo que conduce necesariamente a postular el pluralismo cognitivo en la sociología” (García Ferrando, 1978) .

Realmente cualquier modelo teórico nos enseña donde hay que buscar y lo que ha de buscarse, destaca las diferencias, cataloga los datos seleccionados y nos va mostrando analogías. Pero esta claro que no todos los modelos teóricos son

validos para todos los fines de estudio sociológico, de ahí la variedad de objetos a estudiar dentro de ese amplio campo de estudio que es la realidad social del Karate-do o el ser humano en sociedad y su relación con el Karate-do.

Allá donde nos encontremos, el deporte se entiende como juego competitivo; es uno de los elementos culturales de la humanidad. Teniendo en cuenta los niveles de participación en actividades físico-deportivas de mantenimiento, en deportes competitivos y de ocio o como espectadores de eventos deportivos en directo o mucho más a través de los medios de comunicación de masas, nos damos cuenta que el deporte aparece como una de las instituciones más importantes de la vida moderna.

En el karate de competición cuyo resultado es siempre de suma cero, entendido que para que haya un ganador siempre tiene que haber necesariamente un perdedor, aglutina actividades tan diferentes en el fondo y forma como la competición amistosa entre dos equipos del mismo gimnasio y la competición formal de los campeonatos de España.

La realidad es que no todo el karate-do es tan competitivo ni intervienen obligatoriamente unos deportistas enfrentándose. Así podemos hablar de karate-do formal e informal, de karate competición y de recreo, de karate institucional y espontáneo, de karate-competición de equipo e individual, de karate de resultados y de karate-do orientado a la salud y el bienestar.

DESDE ESTE PUNTO DE VISTA, el karate-do debe ser entendido dentro de su ámbito con sus propias peculiaridades, en sus propias significaciones y de los significados que genera para los protagonistas. Los que lo entienden así, contemplan el karate-do  como una subcultura propia, con sus especiales reglas e incluso con su propio funcionamiento. Todo aquel que se atreva a investigar sobre el karate-do debe intentar profundizar en el ambiente en el que se desenvuelva el hecho “deportivo” con el objetivo de entender el karate-do desde dentro.

Los investigadores deportivos tienden a ser excesivamente teóricos y academicistas por lo que se preocupan más por la forma que por el contenido, no entendiendo las peculiaridades propias del karate-do, pues siempre lo enfocan desde su faceta deportivo-competitiva, no entendiendo la propia idiosincrasia del mismo. Por lo cual los profesionales del karate-do debemos hacer propuestas innovadoras y rompedoras de moldes. Reclamaremos pues la imaginación sociológica para estudiarlo ya que a fuerza de estar tan presente el fenómeno deportivo-competitivo se corre  el riesgo de tratar de entenderlo utilizando los tópicos habituales, pues estos nunca alcanzan a imaginar la complejidad, dinamismo y potencialidades del karate-do en la sociedad actual.

Hay pocos estudios sociológicos sobre el karate-do y aquellos que se han interesado por este estudio,  tienen una experiencia con la actividad deportiva en general y el karate-do en particular. Los hay que han competido con éxito en el karate de competición, mientras que otros iniciaron con timidez una experiencia deportiva que nunca se manifestó en resultados aparentes. También los hay que no habiendo podido hacer deporte en su etapa escolar, redescubren el desafío y la excitación de la práctica del karate-do, en su vida adulta. Los hay, en fin, que se han crecido en un ambiente familiar favorable a la práctica del karate-do mientras que los hay que no habiendo vivido este ambiente, tratan como adultos de cambiar las cosas para hacer entender el verdadero significado de este arte. Sin embargo unos y otros,  participan del interés por el karate-do, con la certeza de que se trata de una actividad individual y social muy beneficiosa y con enormes posibilidades para contribuir a la mejora de la calidad de vida de todo aquel que se acerque a su práctica.

Las inquietudes personales por lo que ocurre con el karate-do en la sociedad, surgen cuando nuestra propia concepción del karate-do, los valores que amamos, nos parecen amenazados, desde dentro y desde fuera. Cuando nuestros sueños de lograr un cambio satisfactorio en la situación social del karate-do se encuentran con la realidad de unos impedimentos económicos, políticos y en el fondo antropológicos, a la realidad limitadora de los presupuestos económicos y de la falta de publicidad, a los intereses partidistas de los políticos y técnicos federativos, o a la falta de interés de una parte de la población que no acaba de compartir nuestra ilusión por el karate-do, e incluso por la barbarie prehistórica de la violencia gratuita de algunos “elementos”  en las competiciones.

KARATE DE ELITE Y KARATE-DO PARA TODOS

El gran auge del deporte popular o para todos, va haciendo que cada vez sean más los practicantes que hacen karate-do de manera informal, fuera de disciplinas federativas, y aunque un determinado número continúen respetando sus roles, reglas y responsabilidades como practicantes en una modalidad deportiva y como federados que están, lo practican de manera que cada vez se acerca más al juego o actividad física recreativa, prestando sus practicantes menos atención al cumplimiento de las reglas formales, y más a la práctica gozosa de esta actividad. No quiere esto decir que el hecho de practicar karate-do con esta filosofía, dejen de lado las formas, rituales y características de nuestra disciplina, pero sí lo hacen por el mero hecho de la ocupación de su ocio, sin importarles demasiado los grados (por lo menos al principio) y mucho menos las competiciones deportivas.

Esta clasificación, puede quedarse ciertamente corta, sobre todo en una disciplina como el karate-do tan amplia y compleja como individualizada, entendiendo por esto que cada persona es un mundo con sus propias peculiaridades y unos objetivos particulares diferentes en cada caso. No por esto dejaríamos de referirnos al que realiza esta actividad por la propia auto perfección, sin dejar de lado la faceta competitiva y quedándose corta la simple clasificación de deporte de ocio.

Podemos observar que las anteriores clasificaciones bien utilizadas,  nos pueden ayudar a descubrir con mayor acierto el sentido del cambio social que tiene lugar en el karate-do actual. La dirección que va tomando el karate de alta competición (Premios en metálico, dinero por medallas, becas deportivas, sponsor comerciales) va tomando la dirección del deporte profesional y espectáculo con lo que conlleva, incremento de los entrenamientos específicos al aumentar el número de competiciones lo que hay que añadir los riesgos de padecer lesiones y otras patologías físicas y psíquicas, además la creciente práctica informal, convierten también al Karate-do en una actividad cada vez más puramente recreativa y enfocada a la salud.

SOBRE LA BUSQUEDA DE TRIUNFOS Y LA IMPORTANCIA SOCIAL DE LA COMPETICION EN EL KARATE-DO

El tema de este apartado es lo que para mí constituye la tendencia dominante en todo el mundo dentro del karate actual: La tendencia, en casi todos los niveles de participación pero de forma más patente en el karate de alta competición, hacia una creciente competitividad y búsqueda de triunfos. Dicho de otra manera, poco a poco se van erosionando aparentemente las actitudes, valores y estructuras del karate-do como arte marcial y su gradual sustitución por las actitudes, valores y estructuras “semi-profesionales”, como quiera entenderse. Visto desde otro punto de vista más, también hay una tendencia del karate-do, en todos los países del mundo, a dejar de ser una institución marginal y escasamente valorada, para convertirse en otra merecedora de un valor mucho más alto, de hay la trascendencia en la faceta deportiva  de la inclusión del karate en el Olimpismo.

En cuanto a los Gimnasios, Dojos  o Clubes Deportivos  -como nos hacen llamar las autoridades deportivas-, son representaciones sociales y que la mejor forma de interpretar su dinámica es verla como un tira y afloja de tensiones entre opuestos. Esto quiere decir que visto sociológicamente, por un lado coexisten, el karate-do como arte marcial  y por otro el karate competición que engloba una estructura formada por un grupo de seres humanos relacionados entre sí ya que esta comprende: 1) Los dos individuos a veces equipos que cooperan entre sí, a la hora de la competición, en rivalidad más o menos amistosa; 2) los encargados del control, árbitros y jueces; y 3) a veces, pero no siempre, un número mayor o menor de espectadores.

Llegado el momento cumbre de la competición, estas estructuras se ven sometidas a una doble dinámica,  por una parte como resultado del “conflicto”, en el que se ven envueltos los competidores en las “luchas, tensiones, dualidades e incoherencias” de la sociedad en general y en cierta forma, debido  a ciertas características de su organización. Realmente “Todos los deportes (según G.P. Stone), están afectados por los antinómicos principios de juego y exhibición, es decir, están orientados a proporcionar satisfacción, bien a los competidores, bien a los espectadores e incluso a los jueces”. Pero la “exhibición” realizada para los espectadores y jueces destruye en parte la naturaleza de “arte marcial” del karate-do. Siempre que un gran número de espectadores asiste a una competición, éste se transforma en espectáculo, en un juego para los espectadores, no para los participantes directos. El placer de competir queda subordinado a la realización a veces de Katas que agraden al público y jueces, e incluso el competidor con “nombre” es rápidamente valorado con favoritismo por un gran número de jueces. El karate-do comienza a perder su espontaneidad y su capacidad de auto superación y se convierte en una especie de ritual, predecible y aun predeterminado en cuanto al resultado final.

CARACTERISTICAS DEL KARATE-DO ACTUAL

Como señalan Snyder y Spreitzer(1983), “el deporte está repleto tanto de violencia como de ternura, de alegría y de desesperación, de belleza y de repulsión, de orden y desorden.  El éxtasis de la victoria, la dulzura del triunfo, deben aceptarse con la convicción de que tarde o temprano llegará la amargura de la derrota, el mal sabor que deja el perder”.

En las competiciones de kumite tiene que producirse un equilibrio entre demasiada tensión, que puede abocar en violencia y lesiones, y poca tensión, que puede desembocar en el aburrimiento. La competición de karate debe contener cierta tensión para que transmita emoción al enfrentamiento entre competidores o equipos rivales. La tensión debe controlarse con delicadeza para no dar paso a la barbarie, por medio de reglas que se hagan cumplir con un criterio uniforme, de forma que se puedan alcanzar los objetivos y la continuidad de la competición.

Como señala Eric Dunning (1967), “La modificación de las reglas que realizan periódicamente las Federaciones Deportivas, tienen precisamente ese objeto, el de mantener y realzar unos niveles de tensión y emoción que permitan experimentar el juego deportivo de forma placentera, tanto por parte de los jugadores como por parte de los espectadores”.

Todas las sociedades humanas poseen actividades e instituciones que se dedican a generar emoción tensa, tratan de contrarrestar la rutina de la vida cotidiana y ordinaria ya sea de un pueblo como Villabajo o de una gran ciudad como Madrid.

En las sociedades modernas donde casi todo nos lo dan hecho desde pequeños, con un gran nivel de rutina, tanto en el trabajo como en la familia e intimidad, el deporte en general y en nuestro caso el karate-do, cumple un importante papel al ofrecer emoción y tensión. El deporte en palabras de Dunning, “es una actividad emocionante en el marco de una sociedad escasamente emocionante”.

La vida cotidiana esta rodeada de monotonía, al ir acompañada de un alto porcentaje de la realización de trabajos donde el esfuerzo físico es suprimido. Van desapareciendo trabajos que se realizan con las manos, creándose otros que hacen que se permanezca sentado la mayor parte del tiempo. El desplazamiento de la casa al trabajo se suele hacer también en un medio de transporte que no es precisamente una bicicleta y parte de nuestra vida la invertimos en actividades también sedentarias, como leer, escuchar música, jugar en el ordenador, ver la televisión.

Todo esto genera una necesidad de realizar actividades físicas para movilizar nuestro cuerpo a la vez que nos haga evadirnos de los problemas cotidianos.

Por otro lado a las tensiones físicas de “no actividad”, hay que sumar las tensiones psicológicas, que generan una gran cantidad e estrés, por lo que el karate-do por sus peculiaridades en la formación integral de la persona cumple un cometido muy importante en la búsqueda de ese equilibrio.

Pero indudablemente, no podemos utilizar los mismos criterios para organizar los entrenamientos de un porcentaje mínimo de deportistas, normalmente con actitudes para la competición, que lo que pretenden es la consecución de unos resultados que se traduzcan en medallas y trofeos y aquellos otros entrenamientos de miles de personas que no les importa el rendimiento competitivo, buscan evasión, recreo, auto superación y ejercicio físico en la práctica más o menos informal del karate-do. Desde luego han de ser bien distintos, aunque ambos tipos de practicantes participen en común, aunque con diferente intensidad de buena parte de las características intrínsecas del karate-do actual.

CARACTERISTICA SOCIAL EN LA PRACTICA DEL KARATE-DO

El grado de interés por el deporte en general, nos muestra niveles muy diversos entre los distintos grupos de población, igualmente ocurre con la práctica del karate-do, que resulta muy variable según se trate de un grupo u otro de población.

Por todo lo dicho, el karate-do no puede considerarse un simple hecho natural, sino una actividad social determinada por el marco cultural, económico y social que la hace posible. Por ello, y de la misma manera que las características corporales de cada individuo, su edad y su estado de forma física determinan en parte su posible elección de un deporte, no ocurre así en el karate-do que por el contrario si se verán influenciadas por las condiciones socioeconómicas de que disfruta y por el marco de las relaciones sociales en que se desenvuelve.

En otras palabras, la práctica del karate-do de un individuo o de un grupo social viene determinada por el grado de  exposición y acceso a esta actividad, no así por la información de los medios de comunicación ya que es prácticamente nula o a veces negativa.

A partir de estas reflexiones, podríamos  exponer cuatro proposiciones a modo de estudio, que nos darían una aproximación  a los diferentes niveles de participación en el karate-do de la población:

1- Cuanto mayor sea la proximidad y frecuencia de las relaciones sociales con individuos que practican karate-do, mayor será la probabilidad de que un individuo haga también karate-do.

2- Cuanto más apreciables sean los beneficios (no económicos en nuestro caso) que reporta la práctica del Karate-do, mayor será la probabilidad de que un individuo haga karate-do.

3- Cuanto mejor sean las instalaciones de un determinado Gimnasio y/o menos dotaciones deportivas de otro tipo haya en un entorno dado, mayor será la probabilidad de que haga karate-do un individuo que resida en dicho entorno.

4- Cuanto mayor sea el status socioeconómico de un individuo, mayor será la probabilidad de que haga karate-do o deporte en general.

MOTIVOS POR LOS QUE SE PRACTICA O NO KARATE-DO

Los motivos por los que se practica karate-do pueden ser de lo más variopinto, pero los motivos por los que el público en general en edad adulta e incluso juvenil no se acerca al karate-do, los resumiría en dos;  desconocimiento e imagen.

Cagigal señala, “Los estragos que en el equilibrio humano, han ido causando, el sedentarismo de la vida industrializada, la masificación en la conducta laboral, la progresiva lejanía en las decisiones que atañen directamente a la vida personal debido a las  macro burocracias, la carencia de homeostasis entre tensión psíquica y desahogo físico. No es extraño que el hombre, junto a otros variados recursos,  busque refugio en el juego, en el esfuerzo físico gratuito, en el cual se experimenta a sí mismo como actuante decisorio, protagonista, en la auto y hetero confrontación, donde pueda recuperar algo del sencillo humanismo del trato directo hombre a hombre al margen de los estereotipos y roles de una tan estereotipada y jerarquizada sociedad” (Cagigal, 1983).

Es importantísimo saber, antes de especular sobre el porqué una persona adulta se inicia o no en la práctica del karate-do, las causas principales  o los gustos de la población a la hora de hacer deporte, adaptándolo posteriormente y en la medida de lo posible a las características del karate-do.

Continuamente se vienen realizando estudios y encuestas sobre el comportamiento deportivo que nos reafirman que el hacer ejercicio físico, es la razón más frecuentemente expuesta en todos los estudios, pasando a continuación a el propio gusto que se siente por el deporte. Lo cierto que una vez más ponen de manifiesto que al margen de razones utilitaristas, el deporte es una actividad con un enorme potencial lúdico, que atrae a muchas personas directamente, como elemento prioritario de las actividades de tiempo libre de la sociedad actual.

Otra razón citada mayoritariamente se encuentra relacionada directamente a la anterior, al señalar que hacen deporte por diversión y para ocupar  el tiempo libre. Otros señalan que lo hacen por encontrarse con los amigos, por salud, por mantener la línea y por evasión, igualmente una minoría busca actividades que además posean un componente de crecimiento interior.

Finalmente, quedan por señalar dos razones que son citadas minoritariamente, pero que sin embargo, son parte esencial del gran deporte, esto es, del deporte espectáculo y del deporte federado de competición, ya que solo un 7 % de los practicantes señala que lo hacen por competir.

A la vista de lo anterior, ¿que tendríamos que hacer?. Ni más ni menos que dar a la sociedad lo que la sociedad reclama, manteniendo naturalmente los valores intrínsecos del karate-do como arte marcial, que indudablemente atrae a un cierto porcentaje de población.

EVOLUCION NATURAL DEL KARATE-DO, POR SU ADAPTACION A LA SOCIEDAD ACTUAL

En cursos y conferencias, en los que tuve el honor y la suerte de poder dirigirme a profesionales del karate-do, encontré en unos pocos un pequeño recelo o choque, con relación a las ideas expuestas, en cuanto a los métodos de enseñanza del karate-do, ya que personalmente  soy partidario de “meter savia nueva, en odres viejos”.

Habitualmente se escucha, que el karate-do se esta deteriorando de su idea original o que el karate-do actual esta descafeinado, etc. Cierto que el karate-do actual va cambiando y sobre todo evolucionando, vivimos en la sociedad del deporte y el karate-do esta inmerso en esa dimensión, -buena o mala- no lo se, eso cada uno de vosotros que juzgue y valore.

Voy a hablaros sobre símiles, de esa forma evitaríamos entrar en discusiones, para ello voy a tomar como ejemplo “la lucha libre”, por referirme a una modalidad de combate no oriental. Pero creo que todos los entenderéis.

A lo largo de la historia en las diferentes etapas de desarrollo de las sociedades, tanto el  nivel de violencia empleada como la permitida nos van revelando un problema fundamental que un ejemplo como el siguiente puede ayudar a entender.

Tomando el caso como comentaba de la lucha libre como se practica hoy y se practicaba en la Antigüedad. Hoy, este deporte está como es lógico altamente organizado y regulado. Su órgano directivo es la Federación Internacional de Lucha libre, con sede en Suiza. Según las reglas Olímpicas de Enero de 1967, entre las llaves sucias o desleales de la lucha libre están, el estrangulamiento, el medio estrangulamiento y la doble “nelson” . Dar puñetazos, tirar patadas, embestir con la cabeza, todo está prohibido. Los combates, son controlados por un árbitro, tres jueces y un cronometrador. Pese a la rigidez de estas reglas, la lucha libre es hoy para muchas personas uno de los deportes menos refinados, más rudos… Con toda probabilidad, el público no disfrutaría viendo cómo se rompen los huesos y corre la sangre.

Entre los juegos de competición de las antiguas olimpiadas estaba el “pancratión”, una especie de lucha sobre la arena que constituía uno de los acontecimientos más populares. Pero el nivel de violencia permitido en este duelo entre dos luchadores era muy diferente del que se permite en la lucha libre actual.

La destacable diferencia entre la lucha como deporte y la lucha como agonía, puede apreciarse con claridad en el siguiente resumen de “Franz Mezoe” en (Geschichte der Olympischen Spiele).:

“En el pancratión los contendientes luchaban con todo su cuerpo, con las manos, los pies, los codos, las rodillas, el cuello y la cabeza. En Esparta usaban incluso los dientes. Los pancratiastas podían sacarse los ojos uno al otro…También estaba permitido hacer caer al contrario echándole la zancadilla, asirlo por los pies, la nariz y las orejas, dislocarle los dedos de las manos, los huesos de los brazos y aplicarle las llaves de estrangulamiento. Si uno lograba derribar al otro, podía sentarse encima y golpearlo en la cabeza, el rostro, las orejas; también podía darle patadas y pisotearlo. No hace falta decir que en este brutal torneo los luchadores recibían en ocasiones las heridas más horribles y no pocas veces alguno resultaba muerto. ”

Los antiguos Juegos Olímpicos duraron más de mil años. A lo largo de este período se fueron produciendo fluctuaciones en los niveles de violencia permitidos, en la Antigüedad el umbral de sensibilidad respecto a causar daños físicos, e incluso la muerte, en un juego de competición y, por lo mismo, la ética de todos los torneos de entonces, era muy diferente del tipo de competición que hoy en día conocemos como “deporte de combate o deporte de contacto”.

Según E.Dunning “La comparación del nivel de violencia representado por los Juegos de la Grecia clásica o, para el caso, por los torneos y juegos populares de la Edad Media, con los niveles representados por los deportes contemporáneos muestra una determinada trayectoria en el proceso civilizador, pero el estudio de esta trayectoria, del proceso civilizador de los juegos, será inadecuado e incompleto si no se enlaza con el estudio de otros aspectos

de las sociedades cuyas manifestaciones son las competiciones deportivas. En resumen: no se comprenderá el fluctuante nivel de civilización en las competiciones deportivas en tanto no se lo asocie al menos con el nivel general de violencia socialmente permitida y con la correspondiente formación de la conciencia de las sociedades.

No podremos saber, por ejemplo, si nuestra forma de erigir barreras individuales de autocontrol contra la violencia física, no va asociada a malformaciones psicológicas que, a su vez, podrían parecer sumamente bárbaras a los ojos de una época futura más “civilizada”.

SIGNIFICADO E IMAGEN DEL KARATE-DO

José Luís Rodríguez, expresó con claridad en una conferencia: “La capacidad de expansión y desarrollo de una actividad está enteramente relacionada con el concepto social que se tiene de la misma.” (J.L.Rodriguez 1991)

En el estudio de la dimensión social del karate-do, no sólo importa conocer cuántas personas hacen o no karate-do, sino también es necesario acercarse a analizar la realidad más sutil y sobre todo más difícil de cuantificar, como es la idea e imagen que la población tiene sobre el karate-do. Realmente no se trata de conceptos que se reflejen directamente en acciones claramente identificables, pero no cabe duda alguna que lo que piense la población sobre qué cosa es realmente karate-do, sobre lo que se persigue cuando se hace karate-do, e incluso sobre el funcionamiento de la Federación, todo ello tiene evidentemente una influencia sobre la manera de entender lo que es karate-do y de valorar las Federaciones.

El karate-do como actividad fuera de lo común, como pretexto para la evasión y el escapismo de la vida cotidiana, de lo habitual, parece ser razón importante que justificaría su práctica. Así mismo en nuestras manos tenemos una disciplina que si la comparamos con los “deportes” tradicionales, comprobaremos que es uno de los sistemas de ejercicio físico más completo que existe. Pero el problema consiste, en que la gente tiene la idea de que el karate-do solo sirve para aprender a defenderse y a pelearse y piensan que el primer día de clase les van a poner un ojo morado. ¿O cuando os presentan a un desconocido y le dicen que sois cinturón negro de karate, lo primero que comenta no es ¡pues cualquiera se mete contigo, tienes que dar unas tortas!. Esta es la idea general que hay en la calle, por lo que tenemos que lograr que practiquen Karate-do sencillamente por sentirse bien, de esta manera ganaríamos simpatizantes.

COMPETICION PARA NIÑOS Y JOVENES

¿Positivo o negativo?, cuantas veces nos habremos hecho esta pregunta.

En otros deportes y siguiendo el modelo todavía dominante en las instituciones escolares de deporte competitivo y de élite, Según GILROY,”son muchos los jóvenes que al no ser seleccionados para formar parte de los equipos que han de representar a la institución, viven la experiencia como una especie de “ceremonia de degradación”, que suele “enfriar” su futura afición con el deporte como actividad para toda la vida, y que conduce con frecuencia a un alejamiento involuntario del deporte” (Gilroy,1981).

Ciertamente en karate-do no ocurre esto, a pesar de que un gran porcentaje de las licencias federativas de karate, pertenecen a la población infantil. La singularidad del karate-do, ofrece la oportunidad al niño de participar prácticamente en la mayoría de las competiciones que se organizan, si exceptuamos los campeonatos regionales donde la selección es exhaustiva, además la organización de actividades y exhibiciones periódicas donde la mayoría de los niños participan, ofrece la oportunidad de demostrar sus habilidades fuera del carácter competitivo.

A diferencia de los adultos el niño y el joven, quiere la competición “por lo menos en un alto porcentaje” y creo que nuestro colectivo a sabido dar a la infancia la idea de que la competición sirve como eslabón de aprendizaje, por ejemplo para la obtención del cinto negro y no como objetivo final, como se da en otros deportes.

El problema se plantea en las edades de 13 a 15 años, que es quizás la edad crítica donde el abandono de la práctica del karate-do se da con mayor frecuencia. ¿Las causas?, podría encontrarse a mi parecer en tres factores primordiales-y ninguno atribuible a la competición en sí-; el primero podría achacarse a que gran número de los niños que practican karate lo hacen en colegios, lo que supone el abandono del mismo para pasar al instituto, y por consiguiente el abandono del karate. El segundo podría ser y ya en el caso de los niños que entrenan en los gimnasios -donde el problema anterior no se daría-, sería la presión por parte de los padres en base a los nuevos estudios que tienen que emprender, mucho más fuertes que los anteriores. Y por último, y hay es donde entramos los profesores, sería la falta de motivación y rutinización de los entrenamientos dado que además de estar atravesando una edad crítica, se suma el gran número de años de práctica en el karate-do de la mayoría de nuestros niños.

CONCLUSION

Cada uno de vosotros, podéis llegar a deducciones concluyentes y que supuestamente y sobre todo si sois profesionales que estáis integrados plenamente en la problemática social del karate-do, conocéis -seguramente mejor que yo-. Cierto es que cada lugar y cada pueblo tiene unas características diferentes, pero no por eso debemos diseminar nuestros esfuerzos y nuestra ilusión por ir hacia adelante. Cada uno, puede pensar que lo que realmente le interesa es, que su gimnasio o club funcione y que sus alumnos acudan diariamente a clase y cuantos más mejor.

No podemos pensar que estamos solos, formamos parte de un colectivo de profesionales, en el que cada uno en su lugar, monitores, entrenadores, maestros, federativos, etc. debemos de mantener y potenciar los valores de auto superación y desarrollo personal como imagen del karate-do.

La barbarie en las competiciones (por suerte cada vez menos y donde siempre son los mismos que con su brutalidad, quieren deteriorar la imagen del karate), el egoísmo personal, la falta de auto preparación, las luchas internas entre profesores y gimnasios, los intereses e ineficacias federativas… Todo esto genera desalientos entre técnicos y federados, recelos y críticas entre nuestros propios alumnos y en la sociedad en general. Y por descontado no favorecen en absoluto la consecución de unos objetivos que ayuden a dignificar el colectivo del karate-do.

Pensar, (que el karate-do por sí solo no subsiste), necesita de seres humanos que le den vida, mostrándolo a la sociedad en toda su magnitud. Es cierto la competición es una realidad social y gracias al karate deporte, el público en general, las autoridades deportivas, los medios de comunicación, nos empiezan a conocer; pero eso es la punta de un iceberg. Debajo hay un universo apasionante, diferente;  – a cualquier persona que se acerque al karate-do, hay que hacerle ver que es un deporte, pero va más allá del deporte, es una actividad física pero llega a traspasarnos hasta nuestro interior, en el fondo llega a ser una filosofía de vida que hay que transmitir con pasión.

Como responsables de la imagen del karate-do, debemos de asistir a algo más que cursillos técnicos, tenemos que crear actividades extra-deportivas donde los profesionales intercambiemos opiniones, experiencias y objetivos, en resumen realizar una labor de equipo donde nos olvidemos de estilos y escuelas, y donde la idea principal sea la unidad de criterios.

Todos sabemos que en el karate-do no hay secretos, ni ciencias ocultas, la sociedad quiere algo y busca algo, y nosotros se lo vamos a dar, le vamos a dar “KARATE-DO”.  pero con mayúsculas.

Fernando Martín Millana

7ºDan Entrenador Nacional

Conferencia Junta de Castilla y León (18-4-2004)

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