Sentado en el muelle de la bahía
Sep16

Sentado en el muelle de la bahía

Corrió el rumor de que un buen maestro se encontraba sentado en la orilla del lago. Después de comentarlo, algunos estudiantes decidieron ir a ver qué es lo que debía estar haciendo allí. Tras un largo viaje lo encontraron. Uno de ellos preguntó: “Vemos que es muy hermoso este lado del lago. ¿Por eso está usted aquí?” “No“, respondió el maestro. “¿Usted está aquí esperando una visita?”, preguntó otro. “No”, respondió el maestro. “¡Ah! ¡Entonces está aquí para respirar el aire fresco!”, exclamó un estudiante. “No”, respondió el maestro. Los estudiantes, sintiéndose frustrados, dijeron a la vez: “Entonces, ¿Por qué está usted aquí?”  “Sólo estoy sentado”, respondió el maestro. Los estudiantes saludaron a su maestro con una reverencia, luego fueron invitados a sentarse y, entonces, simplemente lo hicieron....

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¿Como crecer?
Sep03

¿Como crecer?

  Un rey fue hasta su jardín y descubrió que sus árboles, arbustos y flores se estaban muriendo. El Roble le dijo que se moría porque no podía ser tan alto como el Pino. Volviéndose al Pino, lo halló caído porque no podía dar uvas como la Vid. Y la Vid se moría porque no podía florecer como la Rosa. La Rosa lloraba porque no podía ser alta y sólida como el Roble. Entonces encontró una planta, una fresia, floreciendo y más fresca que nunca. El rey preguntó: ¿Como es que creces saludable en medio de este jardín mustio y sombrío? No lo sé. Quizás sea porque siempre supuse que cuando me plantaste, querías fresias. Si hubieras querido un Roble o una Rosa, los habrías plantado. En aquel momento me dije: “Intentaré ser Fresia de la mejor manera que pueda”. Ahora es tu turno. Estás aquí para contribuir con tu fragancia. Simplemente mírate a ti mismo. No hay posibilidad de que seas otra persona. Puedes disfrutarlo y florecer regado con tu propio amor por ti, o puedes marchitarte en tu propia condena… Cuento de Jorge Bucai....

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Tal armero, tal arma
Jul31

Tal armero, tal arma

  “El sable es el alma del Samurai”, nos dice una de las más antiguas máximas del Bushidô, la Vía del guerrero. Símbolo de virilidad, lealtad y coraje, el sable es el arma favorita del Samurai. Pero el sable, en la tradición japonesa, es algo más que un instrumento terrible, algo más que un símbolo filosófico. Es un arma mágica. Arma que puede ser benéfica o maléfica, según la personalidad del forjador y del propietario. El sable es la prolongación de los que los manipulan, se impregna misteriosamente de las vibraciones que emanan de sus seres. Los antiguos japoneses, inspirados por la antigua religión Shinto, conciben la fabricación del sable como un trabajo de alquimia en el que la armonía interior del forjador es más importante que sus capacidades técnicas. Antes de forjar una hoja, el maestro armero pasaba varios días meditando y después se purificaba practicando abluciones de agua fría. Una vez vestido con hábitos blancos ponía manos a la obra, en las mejores condiciones interiores para crear un arma de calidad. Masamune y Murasama eran dos hábiles armeros que vivieron al comienzo del siglo XIV. Los dos fabricaban unos sables de gran calidad. Murasama, de carácter violento, era un personaje taciturno e inquieto. Tenía la siniestra reputación de fabricar hojas temibles que empujaban a sus propietarios a entablar combates sangrientos o que, a veces, herían a los que las manipulaban. Sus armas sedientas de sangre rápidamente tomaron famas de maléficas. Por el contrario, Masamune era un forjador de una gran serenidad que practicaba el ritual de la purificación para forjar sus hojas. Aún hoy día son consideradas como las mejores del país. Un hombre que quería averiguar la diferencia de calidad que existía entre ambas formas de fabricación, introdujo un sable de Murasama en la corriente del agua. Cada hoja que derivaba en la corriente y que tocaba la hoja fue cortada en dos. A continuación introdujo un sable fabricado por Masamune. Las hojas evitaban el sable. Ninguna de ellas fue cortada se deslizaban intactas bordeando el filo como si éstas no quisiera hacerles daño. El hombre dio entonces su veredicto: – La Murasama es terrible, la Masamune es humana. Foto: Mahir...

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La Humildad
Jul22

La Humildad

Caminaba con mi maestro cuando él se detuvo en una curva y después de un pequeño silencio me preguntó:  Además del cantar de los pájaros, ¿Escuchas alguna cosa más?…  Agudicé mi oído y algunos segundos después le respondí:  Estoy escuchando el ruido de una carreta.  Eso es- dijo mi maestro-. Es una carreta vacía.  Pregunté a mi maestro: ¿Cómo sabes que es una carreta vacía, si aún no la vemos?  Entonces mi maestro respondió: Es muy fácil saber cuando una carreta está vacía, por causa del ruido. Cuanto más vacía la carreta mayor es el ruido que hace.  Me convertí en adulto y hasta hoy cuando veo una persona hablando demasiado, interrumpiendo la conversación de todos, siendo inoportuno o violento, presumido de lo que siente y sintiéndose prepotente, tengo la impresión de  oír la voz de mi maestro diciendo:  “Cuando más vacía la carreta, mayor es el ruido que...

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El Niño
Jun28

El Niño

“Una vez el pequeño niño fue a la escuela. Era muy pequeñito y la escuela muy grande. Pero cuando el pequeño niño descubrió que podía ir a su clase con sólo entrar por la puerta del frente, se sintió feliz. Una mañana, estando el pequeño niño en la escuela, su maestra dijo: Hoy vamos a hacer un dibujo. Qué bueno- pensó el niño, a él le gustaba mucho dibujar, él podía hacer muchas cosas: leones y tigres, gallinas y vacas, trenes y botes. Sacó su caja de colores y comenzó a dibujar. Pero la maestra dijo: – Esperen, no es hora de empezar, y ella esperó a que todos estuvieran preparados. Ahora, dijo la maestra, vamos a dibujar flores. ¡Qué bueno! – pensó el niño, – me gusta mucho dibujar flores, y empezó a dibujar preciosas flores con sus colores. Pero la maestra dijo: – Esperen, yo les enseñaré cómo, y dibujó una flor roja con un tallo verde. El pequeño miró la flor de la maestra y después miró la suya, a él le gustaba más su flor que la de la maestra, pero no dijo nada y comenzó a dibujar una flor roja con un tallo verde igual a la de su maestra. Otro día cuando el pequeño niño entraba a su clase, la maestra dijo: Hoy vamos a hacer algo con barro. ¡Qué bueno! pensó el niño, me gusta mucho el barro. Él podía hacer muchas cosas con el barro: serpientes y elefantes, ratones y muñecos, camiones y carros y comenzó a estirar su bola de barro. Pero la maestra dijo: – Esperen, no es hora de comenzar y luego esperó a que todos estuvieran preparados. Ahora, dijo la maestra, vamos a moldear un plato. ¡Qué bueno! pensó el niño. A mí me gusta mucho hacer platos y comenzó a construir platos de distintas formas y tamaños. Pero la maestra dijo: -Esperen, yo les enseñaré cómo y ella les enseñó a todos cómo hacer un profundo plato. -Aquí tienen, dijo la maestra, ahora pueden comenzar. El pequeño niño miró el plato de la maestra y después miró el suyo. A él le gustaba más su plato, pero no dijo nada y comenzó a hacer uno igual al de su maestra. Y muy pronto el pequeño niño aprendió a esperar y mirar, a hacer cosas iguales a las de su maestra y dejó de hacer cosas que surgían de sus propias ideas. Ocurrió que un día, su familia, se mudó a otra casa y el pequeño comenzó a ir a otra escuela. En su primer día de clase, la maestra dijo: Hoy vamos a hacer un dibujo....

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No siempre conseguirás lo que deseas
Jun16

No siempre conseguirás lo que deseas

Un joven estudiante esperanzado pregunta al maestro: “¿Cuándo conseguiré mi cinturón negro?”. El maestro mira al estudiante directamente a los ojos y responde: “Cinco años”. “¡Oh, por Dios!”, replica con sorpresa el estudiante. “Ése es un largo período de tiempo. Pero, si practico con el doble de intensidad, ¿Cuánto tiempo me llevará?” “Diez años“, es la pronta respuesta del maestro. “¡Pero usted no entiende!”, dice el estudiante, “voy a practicar más duro que cualquier otra persona, y seré el mejor en todo. ¡También haré las cosas mucho más rápido, ya lo verá!” El maestro, que ya ha escuchado expresiones como éstas en más de una ocasión, sacude lentamente la cabeza y explica: “En tal caso veinte años, o quizá nunca”. Al ver la expresión de decepción en la cara del estudiante añade: “Tu cabeza está demasiado llena de lo que tú crees ser para karate, sin considerar lo que karate será para ti. Vacía tu mente y tu espíritu para dejar que el aprendizaje fluya y, como una corriente, deja que siga su propio curso”. El estudiante tiene entonces una pregunta más: “¿Durante cuánto tiempo podré estudiar karate?”. “Hasta que mueras”, dice el maestro con una sonrisa.   Foto:  Camera Eye Photography...

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