Como perdemos lo que más amamos
Dic10

Como perdemos lo que más amamos

“Un hombre, que había perdido a su esposa durante el parto, estaba criando solo a su hijo, a quien amaba más que nada en el mundo. Un día, mientras el padre estaba ausente, unos saqueadores quemaron la mayor parte del pueblo y secuestraron a su hijo. Cuando el padre volvió, confundió uno de los cadáveres quemados y pensó que era el de su hijo. Completamente devastado, hizo cremar el cuerpo y puso las cenizas en una urna que colocó en el mejor lugar de la casa. Días después, el niño logró escapar de los saqueadores. Corrió de regreso a casa y llamó a la puerta de la casa que su padre había reconstruido.  El hombre preguntó quién era. Cuando el muchacho contestó: “Soy yo, tu hijo, por favor, déjame entrar”, el padre apretó contra su pecho la urna con las cenizas, y pensó que otro niño del pueblo le estaba jugando una broma cruel.  “Vete”, le gritó de nuevo. El muchacho continuó tocando en la puerta y rogándole al padre que le abriera. Sin embargo, el hombre, convencido de que no se trataba de su hijo, siguió diciéndole que se fuera.  Finalmente, el niño se dio por vencido. Se fue y nunca más volvió”. Como dice la psicóloga Jennifer Delgado: Convertimos lo improbable en imposible cada vez que: – «Nos aferramos a una idea, asumiendo que es una verdad absoluta e inmodificable, de manera que nos cerramos a abrir la puerta de nuestra mente y dejar entrar a la verdad.» Igualmente afirma que: – «Nos convertimos en víctimas del sesgo de confirmación (consiste en fijarse y recordar solo los detalles que confirman nuestras expectativas o estereotipos.), anotando mentalmente solo los detalles que confirman nuestra versión de la historia, aquello que nos permite creer lo que queremos creer, desechando las pistas y argumentos en contra. Y– «Confundimos el concepto de improbable con el de imposible, por lo que ni siquiera escuchamos cuando la oportunidad toca a nuestra puerta.» Y para terminar nos hace reflexionar: «debemos mantenernos muy atentos a este sesgo porque la testarudez, el hecho de mantenernos aferrados a determinadas ideas para «defender» el pasado o mantener intacto nuestro ego, puede hacer que perdamos lo que más amamos. No debemos olvidar que el orgullo y la rigidez son los motivos principales por los que arruinamos nuestras relaciones interpersonales.» Foto:...

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La serpiente asesina
Ene07

La serpiente asesina

En un pequeño pueblo, hace ya muchos años, habitaba una serpiente de enormes dimensiones que atemorizaba a sus habitantes. No podían salir de sus casas de noche, y tenían prohibido caminar por la zona montañosa donde la serpiente habitaba. Pero un día, un joven valiente y atrevido decidió gastar toda su fortuna e irse a aprender lejos, muy lejos, las técnicas para matar serpientes de manos de los más afamados adiestradores de serpientes del mundo. Tras una sentimental despedida se embarcó, ni corto ni perezoso, a su aventura. – ¡Practicaré sin descanso y os libraré de la serpiente! – Aseguró al marcharse. Los habitantes del pueblo le despedían moviendo sus pañuelos en señal de agradecimiento; las mujeres lloraban. Pasaron los meses, pasaron los años, y el joven se entrenaba sin descanso por todas las partes del mundo. Al fin, un día, apareció por el horizonte su figura y, deteniéndose en la plaza del pueblo, comenzó a gritar para que la serpiente apareciese y le atacase. Ya se consideraba preparado para enfrentarse a ella. Lo que más le extrañó es que nadie había salido a recibirle, pero pensaba que quizá estarían demasiado asustados como para hacerlo, o tal vez la serpiente tuviera descendencia y ahora se enfrentaban a más de una a la vez, lo que les hacía recluirse en sus casas más aún. Sin embargo, desde una casa, abriendo una ventana del piso alto, le gritó un hombre: – ¡Cállate ya! – ¡Vengo a libraros de la serpiente, soy yo! – Le habló el valeroso recién llegado, con una mueca de orgullo en su rostro. Pero el otro gritó: – ¡La serpiente se ha muerto hace mucho tiempo, y nos hemos comido su carne en una gran fiesta! ¡Tenías que haber estado para celebrarlo, y no perdiendo el tiempo por ahí! El joven se quedó boquiabierto. Dicen que se fue a vivir a una gruta y no regresó más al pueblo.  No pierdas el tiempo intentando lograr unos fines con recursos equivocados. Medita ante todo lo que necesites y si la tarea requiere lo que tú piensas o bien no es eso lo que se necesita. Tal vez sean tus propios deseos y necesidades, tu propio alter-ego o valor mal encauzado, quienes te llevan a ello. El fracaso no es solamente perder en la acción emprendida, sino equivocar el método para afrontarla, a veces, incluso mucho antes de enfrentarse a...

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«El Ego Patológico»
May13

«El Ego Patológico»

En el mundo de nuestro querido Karate-Do, cada vez más prima lo contrario de lo que se predica, entiendase (humildad, respeto, paciencia, perseverancia, ….),  alabando en nuestros dojos, el como debiera de ser un verdadero karateka y por ende un maestro de karate-do y nuestros alumnos cegados por el respeto que nos tienen, por la lealtad que nos profesan en su inmensa mayoría, no pueden ver de lo que carecemos o lo que nos sobra, por lo que creamos una mentira que va creciendo perdurando en el tiempo. Ahí se encuentra el Ego, como lo llama Tolle «El Ego Patológico». Graditis, poder, orgullo, ignorancia….. Si algo no se nos concede, la culpa es siempre de los demás. Y si por el contrario se nos da el «premio» es porque nos lo merecemos. Me gustaría compartir con tod@s vosotr@s este explícito extracto de la obra de Eckhart Tolle «Una Nueva Tierra» que espero sea de utilidad en nuestra búsqueda interior. «El Ego Patológico». Eckhart Tolle.  En el sentido más amplio de la palabra, el ego es patológico, independientemente de la forma que adopte. Cuando analizamos el origen de la palabra «patológico» derivada del griego antiguo, descubrimos cuán apropiada es cuando se la utiliza para calificar al ego. Aunque normalmente se use para describir una condición de enfermedad, viene de pathos que significa sufrimiento. Esa fue exactamente la característica de la condición humana que descubrió el Buda hace 2.600 años. Sin embargo, la persona que está aprisionada por el ego no reconoce el sufrimiento como tal, sino que lo ve como la única respuesta apropiada para una determinada situación. En su ceguera, el ego es incapaz de ver el sufrimiento que se inflige a sí mismo y que inflige a otros. La infelicidad es una enfermedad mental y emocional creada por el ego, la cual ha alcanzado proporciones epidémicas. Es el equivalente interior de la contaminación ambiental de nuestro planeta. Los estados negativos como la ira, la ansiedad, el odio, el resentimiento, el descontento, la envidia, los celos y demás, no se ven como negativos sino que se consideran totalmente justificados y además no se perciben como nacidos de nosotros mismos sino de alguien más o de algún factor externo. «Te hago responsable de mi sufrimiento». Esto es implícitamente lo que dice el ego. El ego no puede distinguir entra una situación y la interpretación o la reacción frente a ella. Podríamos decir, «Qué día más espantoso» sin darnos cuenta de que lo espantoso no está en el frío, ni en el viento, ni en la lluvia, ni en cualquiera que sea la situación. Ellos son lo que son. La espantosa es nuestra reacción, nuestra...

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El Presente
Nov25

El Presente

La relajación es un acto imposible para la mente que no conoce  la esencia de la contemplación de los pensamientos. El propio intento de relajarse es una tensión que impide la relajación y ésta es la razón por la que no puedes relajarte en el espíritu. Los meditadores expertos conocen los conceptos de PRESENCIA, OBSERVACIÓN Y EGO los cuales sólo pueden reconocerse por medio de la relajación espiritual no la corporal. Los meditadores que no están en ese camino solo pueden alcanzar la relajación del cuerpo y ésta es una forma muy escueta del gran tesoro que es la relajación que conduce a la contemplación de la conciencia y posteriormente de la mente. La relajación del cuerpo esta muy bien como medida terapéutica o profiláctica, pero su  valor se limita a la iniciación hacia áreas más sutiles; ese camino que conduce a la transformación de la persona por medio del descubrimiento del ego por medio de la contemplación. El vehículo que utilizamos se llama, consciencia del presente: la presencia.   Es importante identificar que es, con-ciencia y conSciencia:   Conciencia: la propiedad espiritual de reconocerse como sujeto de sus atributos. Es el estado mental que nos permite estar con presencia – con-sigo-mismo – y, al mismo tiempo, relacionarnos con el entorno. La conciencia se ha utilizado, en su uso moral y espiritual, por las religiones. Cum-scientia, con-conocimiento. La con-ciencia requiere del uso de los cinco sentidos corporales para interrelacionarse con el medio. Sin embargo, un autista en perfecto estado de salud dispone de los cinco sentidos, tiene conciencia, pero no la puede armonizar. Esto se debe a que no tiene conSciencia. No hay conexión entre los estímulos externos y las asociaciones mentales. Eso sólo se puede realizar con la  conSciencia.   Consciencia: es darse cuenta de la presencia de las propiedades de la conciencia. Está relacionado con la cognición. Perder la conciencia es estar en un estado mental de ausencia, es  estar “incoSciente”. La conSciencia nos da el grado de activación del cerebro. En neuropsicología, se usa el término conSciencia, para relacionarlo con la actividad nerviosa del cerebro, adquiere por tanto, una dimensión cuantitativa. Por eso se puede cuantificar el estado de conSciencia de un autista. Se dice, “estar conSciente” en oposición a,  “perder los sentidos”.   Se ha demostrado científicamente que ciertos animales superiores poseen un grado de conSciencia. Los elefantes pueden llorar a sus muertos, los simios pueden limpiarse una mancha  después de mirarse en un espejo y los delfines muestran evidentes signos de celos y rencores. También se ha demostrado la influencia que un animal –miembro-maestro– puede ejercer sobre un grupo social de estos mamíferos produciéndose...

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El Ego Herido
Jun29

El Ego Herido

Vas conduciendo por la circunvalación o por las calles de la ciudad y alguien te grita: ‘¡Gilipollas!’, inmediatamente abres la ventanilla y sientes una compulsión de gritar algo más grande, sin darte cuenta estás respondiendo: ‘¡Hijo puta!’, o le sacas el dedo, o algún otro gesto grosero. Preparas la fiesta de fin de curso de los niños, o una obra de teatro para el final del curso, y en las palabras que pronuncia el director o directora, no te menciona ni te agradece tu esfuerzo; llegas a casa con desilusión, con enfado, con tristeza, se lo comentas a tu pareja, a tus amistades, sientes que te han ninguneado, y durante un tiempo no te lo puedes quitar de la cabeza, te gustaría que reconociera públicamente tu trabajo y tu esfuerzo y que pidiera disculpas por no haberlo hecho antes. Saludas a un vecino al cruzarte con él o ella, ‘buenos días’, y no te contesta ni te mira; probablemente es algo que le contarás a varias personas y que se repetirá en tu mente varios días, ‘¡será posible, lo maleducado que es!’ Te enteras que alguien, un conocido o conocida, un familiar, un colega, está diciendo cosas de ti negativas a tus espaldas; otra vez se lo comentas a tus amigos, a tu pareja, a tus hermanos o hermanas, a tu madre… y durante un tiempo tampoco logras quitártelo de la cabeza, durante un tiempo insultas y ‘machacas’ a esa persona dentro de tu mente, durante un tiempo crees que estarías mejor, que te quedarías en paz, si esa persona le dice a todas esas personas que se ha equivocado juzgándote de esa manera. A tu pareja se le olvidó que hoy era vuestro aniversario, o tu santo… el enfado y las verbalizaciones y pensamientos sobre su egoísmo y que ‘va a lo suyo’ y que ‘sólo piensa en sí’, se repiten durante muchos días; incluso lo recuerdas años después, y todavía lo puedes echar en cara en alguna discusión, necesitas que repare el olvido con algún detalle diez veces más grande, necesitas que se acuerde y te pida disculpas por su olvido reflejo de su egoísmo. Alguien se dirige a ti de malos modos, con voces, o con cólera, incluso te insulta; de nuevo, esas palabras, como un eco, se repiten sin cesar en tu mente, de nuevo, se lo cuentas a aquellas personas con las que tienes confianza, de nuevo insistes en que lograrás paz y calma en tu mente cuando esa persona te pida disculpas y se retracte. Estos hechos, incluso los más aparentemente triviales, se pueden repetir sin cesar en la mente, dándole vueltas sin...

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