La llave de la felicidad
Jun26

La llave de la felicidad

El Divino se sentía solo y quería hallarse acompañado. Entonces decidió crear unos seres que pudieran hacerle compañía. Pero cierto día, estos seres encontraron la llave de la felicidad, siguieron el camino hacia el Divino y se reabsorbieron a Él. Dios se quedó triste, nuevamente solo. Reflexionó. Pensó que había llegado el momento de crear al ser humano,pero temió que éste pudiera descubrir la llave de la felicidad, encontrar el camino hacia Él y volver a quedarse solo. Siguió reflexionando y se preguntó dónde podría ocultar la llave de la felicidad para que el hombre no diese con ella. Tenía, desde luego, que esconderla en un lugar recóndito donde el hombre no pudiese hallarla. Primero pensó en ocultarla en el fondo del mar; luego, en una caverna de los Himalayas; después, en un remotísimo confín del espacio sideral. Pero no se sintió satisfecho con estos lugares. Pasó toda la noche en vela, preguntándose cuál sería el lugar seguro para ocultar la llave de la felicidad. Pensó que el hombre terminaría descendiendo a lo más abismal de los océanos y que allí la llave no estaría segura. Tampoco lo estaría en una gruta de los Himalayas, porque antes o después hallaría esas tierras. Ni siquiera estaría bien oculta en los vastos espacios siderales, porque un día el hombre exploraría todo el universo. “¿Dónde ocultarla?”, continuaba preguntándose al amanecer. Y cuando el sol comenzaba a disipar la bruma matutina, al Divino se le ocurrió de súbito el único lugar en el que el hombre no buscaría la llave de la felicidad: dentro del hombre mismo. Creó al ser humano y en su interior colocó la llave de la felicidad. Anónimo hindú Foto:...

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El Sabio y el Rey
May19

El Sabio y el Rey

Un Rey soñó que había perdido todos los dientes. Después de despertar, mandó llamar a un Sabio para que interpretase su sueño. “¡Qué desgracia, mi señor!” exclamó el Sabio, “Cada diente caído representa la pérdida de un pariente de vuestra majestad”. “¡Qué insolencia!” gritó el Rey enfurecido, “¿Cómo te atreves a decirme semejante cosa? ¡Fuera de aquí!” Llamó a su guardia y ordenó que le dieran cien latigazos. Más tarde ordenó que le trajesen a otro Sabio y le contó lo que había soñado. Este, después de escuchar al Rey con atención, le dijo: “¡Excelso señor! Gran felicidad os ha sido reservada. El sueño significa que sobrevivirás a todos vuestros parientes”. Se iluminó el semblante del Rey con una gran sonrisa y ordenó que le dieran cien monedas de oro. Cuando éste salía del Palacio, uno de los cortesanos le dijo admirado: “¡No es posible! La interpretación que habéis hecho de los sueños es la misma que el primer Sabio. No entiendo porque al primero le pagó con cien latigazos y a ti con cien monedas de oro”. “Recuerda bien, amigo mío”, respondió el segundo Sabio, “que todo depende de la forma en el decir… uno de los grandes desafíos de la humanidad es aprender a comunicarse”. De la comunicación depende, muchas veces, la felicidad o la desgracia, la paz o la guerra. Que la verdad debe ser dicha en cualquier situación, de esto no cabe duda, mas la forma en que debe ser comunicada es lo que provoca en algunos casos, grandes problemas. La verdad puede compararse con una piedra preciosa. Si la lanzamos contra el rostro de alguien, puede herir, pero si la envolvemos en un delicado embalaje y la ofrecemos con ternura, ciertamente será aceptada con agrado. Foto: imagenes...

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El Buscador
Ene12

El Buscador

Esta es la historia de un hombre al que yo definiría como buscador. Un buscador es alguien que busca. No necesariamente es alguien que encuentra. Tampoco esa alguien que sabe lo que está buscando. Es simplemente para quien su vida es una búsqueda. Un día un buscador sintió que debía ir hacia la ciudad de Kammir. Él había aprendido a hacer caso riguroso a esas sensaciones que venían de un lugar desconocido de sí mismo, así que dejó todo y partió. Después de dos días de marcha por los polvorientos caminos divisó Kammir, a lo lejos. Un poco antes de llegar al pueblo, una colina a la derecha del sendero le llamó la atención. Estaba tapizada de un verde maravilloso y había un montón de árboles, pájaros y flores encantadoras. La rodeaba por completo una especie de valla pequeña de madera lustrada… Una portezuela de bronce lo invitaba a entrar. De pronto sintió que olvidaba el pueblo y sucumbió ante la tentación de descansar por un momento en ese lugar. El buscador traspaso el portal y empezó a caminar lentamente entre las piedras blancas que estaban distribuidas como al azar, entre los árboles. Dejó que sus ojos eran los de un buscador, quizá por eso descubrió, sobre una de las piedras, aquella inscripción … “Abedul Tare, vivió 8 años, 6 meses, 2 semanas y 3 días”. Se sobrecogió un poco al darse cuenta de que esa piedra no era simplemente una piedra. Era una lápida, sintió pena al pensar que un niño de tan corta edad estaba enterrado en ese lugar… Mirando a su alrededor, el hombre se dio cuenta de que la piedra de al lado, también tenía una inscripción, se acercó a leerla decía “Llamar Kalib, vivió 5 años, 8 meses y 3 semanas”. El buscador se sintió terrible mente conmocionado. Este hermoso lugar, era un cementerio y cada piedra una lápida. Todas tenían inscripciones similares: un nombre y el tiempo de vida exacto del muerto, pero lo que lo contactó con el espanto, fue comprobar que, el que más tiempo había vivido, apenas sobrepasaba 11 años. Embargado por un dolor terrible, se sentó y se puso a llorar. El cuidador del cementerio pasaba por ahí y se acercó, lo miró llorar por un rato en silencio y luego le preguntó si lloraba por algún familiar. – No ningún familiar – dijo el buscador – ¿Qué pasa con este pueblo?, ¿Qué cosa tan terrible hay en esta ciudad? ¿Por qué tantos niños muertos enterrados en este lugar? ¿Cuál es la horrible maldición que pesa sobre esta gente, que lo ha obligado a construir un cementerio de chicos?....

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El eco
Dic23

El eco

Un hijo y su padre estaban caminando en las montañas. de pronto el hijo se cae, se lastima y grita: – “¡Ahhhh!”. Para su sorpresa oye una voz repitiendo en algún lugar de la montaña: – “¡Ahhhh!”. Con curiosidad el niño grita: – “¿Quién está ahí?” Y escucha: – “¿Quién está ahí?” Enojado con la respuesta, el niño grita: – “¡Cobarde!” Y recibe de respuesta: – “¡Cobarde!” El niño mira a su padre y le pregunta: – “¿Qué sucede?” El padre le contesta: – “Presta atención hijo” – y grita – “¡Te admiro!” Y la voz responde: – “¡Te admiro!” – “¡Eres un campeón!” – “¡Eres un campeón!” Y el padre le explica: – “La gente lo llama ECO, pero en realidad, es la VIDA… que te devuelve todo lo que haces…” Nuestra vida es simplemente un reflejo de nuestras acciones. Si deseas más amor en el mundo, crea más amor a tu alrededor. Si deseas felicidad, da felicidad a los que te rodean. Si quieres una sonrisa en el alma, dirige una sonrisa al alma de los que conoces. Esto se da en todos los aspectos de la vida. La vida te dará de regreso… exactamente aquello que tú le has dado. Tu vida no es una coincidencia, es un reflejo de ti. Alguien dijo: “¡¡Si no te gusta lo que recibes de vuelta, revisa muy bien lo que estás dando!!”. Miremos a nuestro alrededor y tratemos juntos de hacer un mundo lleno de amor, paz y justicia. Depende de nosotros. Foto...

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El paquete de golosinas
Sep01

El paquete de golosinas

Fernando Martín He tenido y tengo amigos y conocidos que la vida les ha dado un aviso con Mayúsculas, unos pocos se han dado cuenta del valor del momento, del inmenso valor del ahora, de lo esencial de la vida. Otros por el contrario, al principio parece que despiertan de un mal sueño pero poco a poco van cerrando los ojos y vuelven a seguir el ritmo que la sociedad, el trabajo, la familia, les marca, sin ser conscientes de su propio ritmo. Al final a algunos, la vida les vuelve a dar un revés más fuerte y se marcharon sin haber despertado… sin haber descubierto el propósito de su vida o por lo menos saborear un poco de paz y felicidad. No suelo mirar hacia algo tan etéreo como el llamado “futuro”, se del valor del aquí y el ahora como algo real y tangible. No suelo contar mis años y mucho menos imaginar los que me quedan, pero cuando uno llega a una cierta madurez y en una visión de calculo, te das cuenta de los años recorridos y de la posibilidad cronológica de vida, te percatas de que supuestamente lo que te queda para transitar por ella es como mucho, menos de los que has vivido hasta ahora. Podríamos compararlo con aquel niño que en los versos de Mario de Andrade, tenía un paquete de golosinas, lo abrió y las comió con entusiasmo pero cuando se dio cuenta que le quedaban pocas empezó a saborearlas una a una despacio y con agrado. Mi tiempo para las banalidades ya pasó, ya no tengo tiempo para soportar absurdas personas que ha pesar de su edad cronológica aun no han crecido. Ya no tengo tiempo para reuniones interminables y en demasía insustanciales donde en una lucha constante de egos superlativos, se discuten normativas, reglamentos y estatutos conociendo que al final no se va a lograr nada con sentido humano y práctico, quedándose en un sinfín de intereses personales y políticos.  Ya no me queda tiempo para bregar con mediocridades. No quiero que me ocurra lo que decía el poeta Fernando Pessoa en el Libro de desasosiego: “¡Tanto he vivido sin haber vivido! ¡Tanto he pensado sin haber pensado! Pesan sobre mí mundos de violencias paradas, de aventuras tenidas sin movimiento”.  He llegado al punto de no tolerar a manipuladores y ventajistas. Me aparto de los envidiosos, que continuamente tratan de menoscabar a los más capaces, para poco a poco apropiarse de sus talentos, territorios y ser dueños de sus logros. Me entristecen cuando lo vivo, los defectos que genera la lucha por un determinado cargo “ya sea presidente de...

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