La Dificultad Del Kendo

Andrés Sánchez

Cuando hablamos con personas que son ajenas a algún tipo de arte marcial, una de las primeras cosas que nos preguntan, después de que le expliquemos en que consiste eso a lo que le dedicamos tantas horas, es qué cinturón somos. De alguna forma la imposición del karate o el judo, al ser las artes marciales mayoritarias, ha creado un canon en la sociedad, en el que se piensa, por parte de los no iniciados, que la meta de todo arte marcial es llegar al cinturón negro.

En kendo, el equivalente a ese cinturón negro al que hacía mención es el primer Dan. Si bien es cierto que el primer Dan es el objetivo de muchos practicantes de kendo, no es menos real que ese primer Dan no es más que el primer paso que indica que tenemos los conocimientos básicos de la disciplina. Un primer Dan en kendo, como en el resto de artes marciales, demuestra interés, esfuerzo, constancia  y la adquisición de una serie de técnicas que sabes realizar de forma correcta.
No hay que engañarse, aprender kendo no es fácil, pero nada lo es en esta vida. Cuando nos sacamos el carné de coche o moto, creemos que sabemos conducir. Si bien tenemos los conocimientos básicos de cómo funciona un vehículo específico y sabemos las normas de circulación, esos conocimientos distan mucho de los de un conductor profesional. Y es que la práctica y la experiencia es un grado. Un conductor con un año real de práctica continua no puede compararse con alguien que lleva 20 años al volante. Pero la intención también cuenta, no es lo mismo alguien que le gusta conducir, que el que solo lo hace por necesidad.
Después de un primer Dan viene el segundo, y después el tercero y así sucesivamente hasta los 8 que actualmente se pueden alcanzar. Cada adquisición de un nuevo Dan requiere de una prueba; una prueba que es evaluada por un tribunal, pero que realmente es una prueba a uno mismo. Enfrentarte a tus miedos, tus nervios, administrar el estrés y demostrarte a ti mismo lo que sabes, es el que mostrará al tribunal el grado que tienes, el grado que te mereces.
Aunque la experiencia es un grado, la práctica continua también influye. Con la edad nuestros músculos se hacen más perezosos, y si no están tonificados a base de horas de entrenamiento que no solo hagan automáticos los movimientos aprendidos, sino que además den la velocidad y soltura requerida,  nuestro grado puede no servir demasiado ante alguien que sí entrene con regularidad aunque su grado sea teóricamente más bajo.
Si algo nos recuerda constantemente los combates de kendo, es que el grado no sirve de mucho en una contienda real. Todo lo que sabemos debemos aplicarlo en el momento adecuado y de la forma adecuada o nuestra superioridad teórica puede verse en evidencia por alguien que supuestamente debería ser una  víctima fácil. Y es que en kendo no hay combates fáciles, no hay victorias sencillas o evidentes, todo el que lleva un bogu puesto es porque se lo merece, y por ello es un oponente digno.El kendo no es algo sencillo, prueba de ello es que solamente nos dedicamos a cuatro ataques básicos. Ataques, que si todo nos es favorable, nos llevará toda una vida aprender lo poco que sabemos  sobre ellos.

Andres Sanchez

Author: Andres Sanchez

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