Las sensaciones de mi Dojo

Chus García Diaz CN- 7ºDan

Que mejor que un día de tantos. Hoy cuando queda poco para disfrutar de unos días de asueto pero sin desconectar del arte pues ya no es posible después de casi 40 años de práctica a mis espaldas. Hasta cierto punto es normal de casi 62 años 40 de ellos están dedicados al arte Rey que es el karate.
A pesar de todos estos años de práctica y transmisión del karate y de otras artes marciales, he llegado a la conclusión que son insuficientes. Quizás sea esta vía la que más me preocupe, la del sentimiento, la que me haya dado esa sensación. Por muchas conclusiones que tengamos como resultado de tantas reflexiones referente a la unidad de las dos vías que conforman la esencia del Budo, el Zen y el Arte Marcial. Todas las reflexiones sigue siendo insuficientes.
En muchísimas ocasiones me parece casi imposible transmitir a mis alumnos algo que no se encuentra en la materia pedagógica del Arte marcial, me refiero a los sentimientos. Quizás este sea el camino para poder entender el Zen y El Arte Marcial.
Crear una imagen, o transmitir en la técnica aquello que siente tu corazón es tan difícil. Es más fácil explicar un sordo mudo un sueño que haya tenido. Posiblemente todas las respuestas están en ese camino que podemos en ambas divisar, asentidas desde el rigor.
Cualquiera de las dos nos va a llevar con la práctica al desarrollo del patrimonio más importante del hombre su ser, navegando por el mar de nuestra existencia con la barca de la vida. Para mí el Zen y el Arte Marcial son unos verdaderos remos, remando por igual en una dirección hacia el ser armonioso. Moviéndose ambos con movimientos simultáneos, no pueden ir separados. Funcionan unidos. ¿De qué remo prescindirías?
Así debe ser cada día que vamos al dojo, especial. Como el día anterior y por ninguna otra razón que la propia experiencia que vamos a vivir en el dojo. Cada día es un viaje hacia nuestras emociones y sensaciones.
Cada día en el dojo aunque nos parezca el mismo, debemos de hacerlo diferente, así saldremos cargados con sensaciones nuevas. No diferentes, sino otras. Después de este duro combate con aquello que nos limita nos queda un sentimiento del error, mas no importa pues un error es un buen juicio. Cada día los errores están cargados de matices diferentes.
¿Cómo es posible lograr todo esto?
En mi opinión con los años de práctica conjugando Zen y Arte marcial de forma unitaria. Su praxis marcial debe de ir acompañada de una gran consciencia aportándonos un estado de “Conciencia Relajada” para que cada día que vayamos al dojo llevemos la disposición adecuada, de una forma natural, pudiéndonos de esta manera abstraernos de todo pensamiento ajeno y así tener la capacidad de poder captar el detalle en el gesto en la práctica del Arte Marcial.
Todo en la práctica del arte marcial tiene una manifestación, su gesto justo.

¿Dónde empieza el arte en el gesto? ¿antes o después?
¿ Alguna vez hemos pensado como nos vestiríamos en otro tiempo?. Un lazo mal atado de una Hakama o un Zubon podría ser el motivo para sucumbir bajo el filo de la katana de tu adversario.
También hoy en día. ¿Cómo se viste un torero antes de salir a la plaza?. Es posible que le invadiera el vacío. El mismo sentimiento que tendría un samurái vistiéndose para un duelo, o bien cada día pues se enfrentaban a la muerte.
Amigos porque no tras esta humilde reflexión, sea cual sea la indumentaria, blanco la mortaja, negro la vida, hacer el propósito de vestirnos con la concentración necesaria. Con gesto delicado, sin brusquedad. Cuidando el detalle. Vamos no me cabe duda de que es en este momento tan íntimo donde comienza el arte marcial. Este talante que adoptamos no es hacia la indumentaria marcial si no al espíritu. Si doblamos nuestro karategi o la hakama con respeto después de un duro día de práctica no doblamos un trozo de tela sino nuestra propia voluntad. Todas estas actitudes nos llevaran a percibir la belleza no solo en el Arte Marcial sino en todo lo que hagamos, comer, amar. En definitiva vivir, transformando a todo ese guerrero que todos llevamos dentro en un guerrero espitual. El guerrero tántrico.
Debemos entregarnos cada día en la práctica del arte como manda el Zen como si fuese el último de nuestra existencia agudizando todos nuestros sentidos, conscientes de lo que hacemos con nuestra energía encaminada hacia una armonía interna.
El camino de la evolución empieza por un paso dice el Zen. Para mi desde hace mucho tiempo tengo presente en los alumnos que el primer paso es vestirse. El lugar donde nos vestimos también es una parte del dojo
Este articulo lo dedico a un Kyu, alumno mío, ávido de sensaciones. Siempre pregunta y el otro día preguntaba por el Zen y el Arte Marcial.

Foto portada:  Camera Eye Photography

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