El disfrute del ejercicio
Jun03

El disfrute del ejercicio

El disfrute del ejercicio Condiciones y consecuencias Para que una persona entre en estado de flujo, se requieren un conjunto de condiciones previas que son comunes a cualquier actividad física o profesional. La practica frecuente de las técnicas de meditación “Minfulness” facilitan la entrada a estos estados de conciencia y mejora la eficacia. Podemos entonces decir, que se disfruta del ejercicio de alto rendimiento. Las condiciones básicas que deben producirse para acceder a este estado de fluir en la acción o en el pensamiento son seis: 1º. Tener en la mente la idea de que la posibilidad de éxito es cierta. 2º. La capacidad de concentración tiene que ser muy alta. 3º. La meta que se pretende lograr tiene que ser muy clara. 4º. La comprobación de los resultados tiene que ser inmediata. 5º. Control perfecto de la técnica. Como consecuencia de todo lo anterior, el practicante entra en un estado en el que: 6º. El esfuerzo de realización de la actividad se reduce al mínimo. 7º. Durante la actuación, el personalismo desaparece, pero reaparece después con más fuerza que antes de la actuación. 8º. El sentido de la duración del tiempo se reduce. El sentimiento de disfrute que aparece en los practicantes que han logrado entrar en el estado de flujo es una sensación tan gratificante, que sienten que gastar tanta cantidad de energía es algo útil para ellos y emplearán toda la energía y el tiempo necesario para volver a sentir esa sensación de fluir. La palabra flujo proviene de “flow” que se traduce por fluir. Fue utilizada por primera vez en el año 1995 por el psicólogo Cskszenntmihaly. Actualmente se está utilizando progresivamente en el mudo del deporte la palabra “zona” –“estar en zona”–. Flujo Gustavo A. Reque Ldo. Ed. Física Exp. Univ. Intl. Emocional Foto: Jesus...

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El Estado de Flujo
May23

El Estado de Flujo

Cuando realizamos cualquier tipo de actividad que puede ser artística, intelectual, mecánica, de riesgo o deportiva, etc, y se logra alcanzar un alto grado de focalización, la atención puede ser tan intensa que la mente se ve inmersa en un mundo en el que la percepción de rivales, jueces, espectadores e incluso de uno mismo desaparecen. En este estado de concentración tan alto se dice que el cerebro está en ZONA o en estado de FLUJO. En estos momentos la percepción del tiempo se “para” y el espacio deja de tener dimensiones. Todo se aúna en el presente, es lo que se denomina en el zen, estar en “el aquí y ahora”. El ego se ausenta pues sin tiempo ni espacio no puede sobrevivir. El atleta que consigue esta fase de flujo entra en (lo describió perfectamente, D. R-Steinrotter, oro olimpiadas 1994), “un estado de gracia, unos momentos de absorción beatífica centrado en el presente, como si uno formara parte de una catarata”. Éste es un estado de CONCIENCIA que representa el grado superior de OBSERVACIÓN DE LAS EMOCIONES al servicio del rendimiento y el desarrollo personal. Se puede llegar a él por medio de la repetición mantenida durante muchos años, estimándose un número de 10.000 horas en cinco años, pero se ha demostrado científicamente que por medio del entrenamiento de la INTELIGENCIA EMOCIONAL, la eficacia puede ser similar sin necesidad de tantas horas. Estudios recientes muestran que los niños chinos que han empezado entrenamientos preolímpicos a la edad de 5 años, cuando alcanzan la edad de 12 años, ya han cubierto las 10.000 horas, con esfuerzos sobrehumanos; mientras que los niños americanos alcanzan la misma cifra a los 20 años utilizando sistemas de Inteligencia Emocional, pero con divertimento en estado de flujo, habiéndose iniciando en la misma disciplina a los 12 años. Imagen:...

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La Relatividad y el Kata-Do
Mar25

La Relatividad y el Kata-Do

Por, Gustavo A. Reque Experto Universitario en Inteligencia Emocional Resumen de la sesión de meditación: “La Relatividad y el kata-do ”.   Vivimos fuera de nuestros cuerpos. Siempre estamos alrededor de nosotros mismos, pero nunca dentro, solo somos conscientes de la corporalidad cuando nos duele algo o enfermamos. Todo lo que nos sucede viene de afuera: “yo y mis circunstancias”, decía Ortega y Gasset, con este aforismo se describe la gran rareza de la humanidad: el ego y su relación con todo con lo que se relaciona. Las conexiones son “circunstanciales y relativas”. Las circunstancias, son infinitas y dependen de…, lo que se tercie. Vivimos en cuerpos dominados por la ligereza de los azares relativos –“estoy haciendo esto, pero podría hacerlo de otra manera…”–, y bajo el comando de la relatividad que marca el ego –“yo me merezco esto, pero creo que me merezco mucho más”–. Con estos parámetros queda poco para vivir un momento absoluto. Actualmente, decimos en cualquier conversación: “SÍ, ES ASÍ, PERO DEPENDE…” Está frase es relativa, es decir, “susceptible de ser puesta en cuestión”, pero si eres contundente y dices: “sí, esto es así”, sin el “depende”, entonces estarás muy mal visto por la sociedad. Todo se ha tornado relativo en la actualidad. Cuando dices “depende”, después aparecerá otro depende y luego otro más…la rueda de la relatividad no parará nunca, pues el ego es infatigable y nunca está satisfecho. Cada vez que dices “depende”, estás pensando en el pasado o en el futuro nunca en el presente por que no te gusta como es. Siempre “podría haber” otro mejor. Esto es causa de tensión crónica; nunca estás relajado porque te han enseñado que no hay nada absoluto. La conciencia está cada vez más lejos del cuerpo porque cuando descubres algo, ese algo, cambia inmediatamente en bucles continuos y tu insaciable ego desea lo anterior o lo siguiente, siempre está en lo relativo lejos del PRESENTE que es “lo absoluto” y es LO ÚNICO QUE REALMENTE EXISTE. Por este motivo el cuerpo se vuelve cada vez más tenso, porque su BASE CONSCIENTE ES RELATIVA, amorfa, como el barro, ahí no se puede construir nada…todo es accidental, la vida se hace imprevisible –“yo y mis circunstancias”–. Se quiere tener todo, pero “relativamente” y esto deja muy poco espacio para el momento absoluto. El exceso de melancolía por el pasado y la ansiedad por el futuro nos está conduciendo a una insatisfacción crónica en el presente. Como consecuencia, las alteraciones morales y espirituales están infectando las mentes del mundo moderno digitalizado: LA NEUROSIS DE LA RELATIVIDAD. La perdida de la sabiduría innata del cuerpo relajado forjada por la...

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El Presente
Nov25

El Presente

La relajación es un acto imposible para la mente que no conoce  la esencia de la contemplación de los pensamientos. El propio intento de relajarse es una tensión que impide la relajación y ésta es la razón por la que no puedes relajarte en el espíritu. Los meditadores expertos conocen los conceptos de PRESENCIA, OBSERVACIÓN Y EGO los cuales sólo pueden reconocerse por medio de la relajación espiritual no la corporal. Los meditadores que no están en ese camino solo pueden alcanzar la relajación del cuerpo y ésta es una forma muy escueta del gran tesoro que es la relajación que conduce a la contemplación de la conciencia y posteriormente de la mente. La relajación del cuerpo esta muy bien como medida terapéutica o profiláctica, pero su  valor se limita a la iniciación hacia áreas más sutiles; ese camino que conduce a la transformación de la persona por medio del descubrimiento del ego por medio de la contemplación. El vehículo que utilizamos se llama, consciencia del presente: la presencia.   Es importante identificar que es, con-ciencia y conSciencia:   Conciencia: la propiedad espiritual de reconocerse como sujeto de sus atributos. Es el estado mental que nos permite estar con presencia – con-sigo-mismo – y, al mismo tiempo, relacionarnos con el entorno. La conciencia se ha utilizado, en su uso moral y espiritual, por las religiones. Cum-scientia, con-conocimiento. La con-ciencia requiere del uso de los cinco sentidos corporales para interrelacionarse con el medio. Sin embargo, un autista en perfecto estado de salud dispone de los cinco sentidos, tiene conciencia, pero no la puede armonizar. Esto se debe a que no tiene conSciencia. No hay conexión entre los estímulos externos y las asociaciones mentales. Eso sólo se puede realizar con la  conSciencia.   Consciencia: es darse cuenta de la presencia de las propiedades de la conciencia. Está relacionado con la cognición. Perder la conciencia es estar en un estado mental de ausencia, es  estar “incoSciente”. La conSciencia nos da el grado de activación del cerebro. En neuropsicología, se usa el término conSciencia, para relacionarlo con la actividad nerviosa del cerebro, adquiere por tanto, una dimensión cuantitativa. Por eso se puede cuantificar el estado de conSciencia de un autista. Se dice, “estar conSciente” en oposición a,  “perder los sentidos”.   Se ha demostrado científicamente que ciertos animales superiores poseen un grado de conSciencia. Los elefantes pueden llorar a sus muertos, los simios pueden limpiarse una mancha  después de mirarse en un espejo y los delfines muestran evidentes signos de celos y rencores. También se ha demostrado la influencia que un animal –miembro-maestro– puede ejercer sobre un grupo social de estos mamíferos produciéndose...

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Ser Agradecidos
Oct22

Ser Agradecidos

Gustavo A. Reque CN-6ºDan La tendencia natural del ser humano desde la edad más temprana no camina dentro de la senda del agradecimiento como cualidad positiva natural. El agradecimiento no es ni una virtud moral, ni tampoco una actitud natural que adorna al ser humano, todo lo contrario; es un fenómeno que exige la voluntad de reconocer que uno ha sido beneficiado por la generosidad de otra persona, que el benefactor ha dispensado un beneficio que acarrea algún tipo de coste personal y que el beneficio tiene valor a los ojos del beneficiado. Todo ello no lo regalan la naturaleza, ni los genes, sino que es algo que tiene que “entrenarse” por medio de la voluntad, la constancia, un poco de esfuerzo, y un alto grado de concienciación. Albert Einstein refirió en varias ocasiones que debía recordar diariamente -más de cien veces- que toda su vida y su obra dependían del esfuerzo de otras muchas personas, vivas y ya muertas. La gratitud supone devolver un bien. Es la sensación que se experimenta cuando somos conscientes de que el favor que recibimos es valioso para nosotros, costoso para el que lo dispensa, dado con buenas intenciones y sin pretensiones de reciprocidad ni obligaciones. La grandeza del que da esta en el “dar”, y la del que recibe está en “dar las gracias”. Por desgracia, (para ellas), las personas desagradecidas no reconocen el gesto de su benefactor e incluso llegan a creer que este actúa movido por algún tipo de interés. La gratitud precisa que la persona que recibe el bien reconozca que ha recibido algo bueno para si mismo, y sienta de alguna manera, que debe devolver el favor (con un “gracias” es suficiente). Sin embargo, la persona que no siente la gratitud no solo no reconoce el bien recibido, sino que tampoco percibe el beneficio, y consecuentemente, tampoco siente la necesidad de devolver el favor, ni tan siquiera con un simple “gracias”. Peor aún es el caso del ingrato, que incluso encuentra defectos en lo que ha recibido, desconfía de los motivos que han impulsado al benefactor, y puede llegar a devolver un mal por un bien. Es importante, y bueno para la salud tanto física como mental, que demos las gracias frecuentemente. Al principio, como un ejercicio de reconocimiento, después como algo imprescindible que nos hace sentir muy bien, y más tarde como una “droga” que nos hace sentir los más altos grados de buenas emociones, felicidad y optimismo. Los beneficios del que da las gracias frecuentemente se manifiestan desde afrontar mejor el estrés diario, hasta recuperarse antes de las enfermedades. Sucede todo lo contrario con el ingrato,...

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