Fundamentos fisio-metodológicos del desarrollo de capacidades en el Karate-do

Roberto A. Gonzalez Haramboure, PhD. Hanshi.

El Karate-do en la actualidad, aún cuando se continúa considerando como un arte marcial tradicional, cada vez se inserta más en la esfera deportiva. Uno de los más significativos cambios que el mismo ha atravesado en este largo camino a sido la “invasión” científica que ha propiciado su reglamentación, organización y planificación.

Un aspecto importante, que ha recibido aportes de ciencias como la Fisiología, Pedagogía, Didáctica, Metodología, Biomecánica, Bioquímica y Psicología entre otras, es el proceso de preparación deportiva. De este proceso, como han demostrado coincidir todos los estudiosos de la materia, reviste singular importancia la preparación física por considerarse el sustento del resto del proceso de preparación. La preparación física garantiza el adecuado funcionamiento orgánico para el aprendizaje y perfeccionamiento de los movimientos propios de cada deporte (preparación técnica) y esta, conjuntamente con la preparación psicológica, garantiza la posibilidad de realizar estos movimientos en situaciones reales y con elevados índices de efectividad (preparación táctica)

La preparación física, según Ozolin, N, G. (1970), está orientada al desarrollo de capacidades, fortalecimiento de órganos y sistemas y al incremento de las posibilidades funcionales orgánicas. De estas orientaciones Harre, D. Prioriza el desarrollo de capacidades al referir que: “El contenido fundamental de la preparación física radica en el desarrollo de las capacidades físicas, especialmente las de fuerza, resistencia, rapidez y movilidad. Estas capacidades, que se designan también en su totalidad con el concepto de condición, son un requisito fundamental para una elevada facultad de rendimiento deportivo, y es igualmente válido para aquellos deportes en los cuales la técnica deportiva es el objeto de la puntuación en la competencia, o en los cuales el triunfo en ellos depende en gran medida del dominio que se tenga en múltiples y complicadas habilidades técnico-tácticas, como por ejemplo en los juegos deportivos y los deportes de combate.” (1973:17)

Es cierto que, desde el punto de vista del bienestar de la salud, cualquier actividad física aporta beneficios. Pero, cuando se incursiona en el aprendizaje y perfeccionamiento de una modalidad deportiva específica debe tenerse especial cuidado y particularizar el trabajo físico según las exigencias de la actividad en cuestión. Para ello basta referir un simple ejemplo: tomenos dos destacados corredores de diversas distancias, si me permiten elegir a primera vista se me ocurre el velocista dominicano Félix Sánchez y el fondista etíope Haile Gebreselasse. Nadie duda de que para obtener los asombrosos resultados que han atesorado ambos deportistas han tenido que dedicar una gran cantidad de tiempo a su entrenamiento. Pero… ¿si invertimos sus modalidades? No cabe duda que Sánchez se tendrá que esforzar mucho por terminar la carrera de infinitos kilómetros, ni que a Gebreselasse no le será fácil alcanzar una gran aceleración en la carrera corta. ¿Explicación?… No están específicamente preparados para ello.

Aquí se presenta el gran dilema de la preparación física: El volumen y la intensidad del trabajo a realizar. La respuesta de ello debe buscarse en los diversos sistemas energéticos del organismo. Estos sistemas se reconocen, inicialmente, como aeróbicos o anaeróbicos. En el primero de los casos la energía se produce en las mitocondrias de las células, y el segundo en el citoplasma celular y el aparato reductor muscular. A continuación, pese a que las capacidades enumeradas en el Reglamento Competitivo Internacional del Karate-do avalan su fundamento eminentemente anaeróbico, se hacen referencia a todos los sistemas existentes.

Dentro de los sistemas de obtención energética por vías anaerobias, encontramos en primera instancia el alactácido (también llamado como de los fosfágenos o reacción de Lohman). En este caso, el Creatin Fosfato (CRP) reacciona con el ADP (catalizado por la encima Creatin Fosfokinasa CPK), obteniéndose Creatina (CR) y ATP. La potencia energética máxima de esta reacción se logra a los 2 ó 3 primeros segundos, y su capacidad energética se extiende, en sujetos normales hasta 12 ó 15 segundos, y en entrenados hasta 30 ó 35 segundos. Por su parte, la recuperación oscila entre 4 y 5 minutos, y 3 o menos, según corresponda a las categorías anteriormente mencionadas. Sobre la base del patrón volumen e intensidad anteriormente referido, este sistema energético es el encargado de facilitar del desarrollo de capacidades como la fuerza (en sus variantes de máxima y explosiva), la reacción y la rapidez fundamentalmente. Para ello se sugiere, en la etapa de preparación general, la ejecución de carreras desde 3 hasta 100 metros, con un régimen de trabajo y descanso de (1:3) ó (1:4), de manera tal que las pulsaciones del ritmo cardíaco oscilen entre 150 y 169 por minuto. En la etapa especial se extrapola a la realización de los movimientos específicos con similar dosificación.

Otro sistema del grupo anaerobio es el lactácido (también llamado glicolítico), donde la Glucosa o Glucógeno (cuando no hay presencia de O2), y catalizado por la enzima fosfofructokinasa (FFK), provoca la creación de Acido Láctico y ATP. La potencia energética máxima oscila entre los 20 y 30 segundos, y su capacidad máxima se extiende en ocasiones hasta los 7 minutos, según el nivel de preparación existente. La recuperación aparece sobre los 3 minutos. Sobre la base de esta relación volumen e intensidad, este sistema energético se encarga del desarrollo de capacidades combinadas como la resistencia a la fuerza y resistencia a la rapidez. En este caso se sugiere mayormente la realización de carreras entre 150 y 1000 metros, con un régimen de (1:2), de manera tal que el ritmo cardíaco oscile entre 170 y 189 por minuto.

Finalmente se presenta el sistema aeróbico, encargado del desarrollo de las capacidades de resistencia y flexibilidad, caracterizado por una muy baja intensidad y mantenido por un prolongado tiempo de manera ininterrumpida (no debe exceder de las 149 pulsaciones por minuto). Este sistema produce el ATP en el ciclo de Krebs a partir de los glúcidos, grasas y proteínas, que al reaccionar con el oxígeno desencadenan la glucólisis, lipólisis y animoácidos respectivamente. La capacidad de mantener el suministro energético depende del nivel de desarrollo del sistema, y los factores que lo limitan consisten en:

Físico: Posibilidades de un favorable intercambio gaseoso entre el pulmón y el medio ambiente.

Químico: Combinación del O2 con la Oxihemoglobina (HBH) alveolar.

Biológico: Desarrollo del sistema cardíaco y la red vascular.

Cumpliendo con estos fundamentos evitaremos los errores que casi todos hemos cometido en algún momento de nuestra labor pedagógica, ya sea en exigir demasiada intensidad en el trabajo de resistencia, o de alargar el tiempo de trabajo en la fuerza o rapidez fundamentalmente.
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Foto portada: Jesús Hurtado

Roberto Gonzalez Harambouren

Author: Roberto Gonzalez Harambouren

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