La Humildad
Caminaba con mi maestro cuando él se detuvo en una curva y después de un pequeño silencio me preguntó: Además del cantar de los pájaros, ¿Escuchas alguna cosa más?… Agudicé mi oído y algunos segundos después le respondí: Estoy escuchando el ruido de una carreta. Eso es- dijo mi maestro-. Es una carreta vacía. Pregunté a mi maestro: ¿Cómo sabes que es una carreta vacía, si aún no la vemos? Entonces mi maestro respondió: Es muy fácil saber cuando una carreta está vacía, por causa del ruido. Cuanto más vacía la carreta mayor es el ruido que hace. Me convertí en adulto y hasta hoy cuando veo una persona hablando demasiado, interrumpiendo la conversación de todos, siendo inoportuno o violento, presumido de lo que siente y sintiéndose prepotente, tengo la impresión de oír la voz de mi maestro diciendo: “Cuando más vacía la carreta, mayor es el ruido que...
Los defectos que vemos en los demás, son nuestros propios defectos
– “Perdone, señor”, dijo el tímido estudiante, “pero no he sido capaz de descifrar lo que me escribió usted al margen en mi último examen….” – “Le decía que escriba usted de un modo más legible”, le replicó el profesor. Foto portada: El Bibliomata Fuente:...
El Niño
“Una vez el pequeño niño fue a la escuela. Era muy pequeñito y la escuela muy grande. Pero cuando el pequeño niño descubrió que podía ir a su clase con sólo entrar por la puerta del frente, se sintió feliz. Una mañana, estando el pequeño niño en la escuela, su maestra dijo: Hoy vamos a hacer un dibujo. Qué bueno- pensó el niño, a él le gustaba mucho dibujar, él podía hacer muchas cosas: leones y tigres, gallinas y vacas, trenes y botes. Sacó su caja de colores y comenzó a dibujar. Pero la maestra dijo: – Esperen, no es hora de empezar, y ella esperó a que todos estuvieran preparados. Ahora, dijo la maestra, vamos a dibujar flores. ¡Qué bueno! – pensó el niño, – me gusta mucho dibujar flores, y empezó a dibujar preciosas flores con sus colores. Pero la maestra dijo: – Esperen, yo les enseñaré cómo, y dibujó una flor roja con un tallo verde. El pequeño miró la flor de la maestra y después miró la suya, a él le gustaba más su flor que la de la maestra, pero no dijo nada y comenzó a dibujar una flor roja con un tallo verde igual a la de su maestra. Otro día cuando el pequeño niño entraba a su clase, la maestra dijo: Hoy vamos a hacer algo con barro. ¡Qué bueno! pensó el niño, me gusta mucho el barro. Él podía hacer muchas cosas con el barro: serpientes y elefantes, ratones y muñecos, camiones y carros y comenzó a estirar su bola de barro. Pero la maestra dijo: – Esperen, no es hora de comenzar y luego esperó a que todos estuvieran preparados. Ahora, dijo la maestra, vamos a moldear un plato. ¡Qué bueno! pensó el niño. A mí me gusta mucho hacer platos y comenzó a construir platos de distintas formas y tamaños. Pero la maestra dijo: -Esperen, yo les enseñaré cómo y ella les enseñó a todos cómo hacer un profundo plato. -Aquí tienen, dijo la maestra, ahora pueden comenzar. El pequeño niño miró el plato de la maestra y después miró el suyo. A él le gustaba más su plato, pero no dijo nada y comenzó a hacer uno igual al de su maestra. Y muy pronto el pequeño niño aprendió a esperar y mirar, a hacer cosas iguales a las de su maestra y dejó de hacer cosas que surgían de sus propias ideas. Ocurrió que un día, su familia, se mudó a otra casa y el pequeño comenzó a ir a otra escuela. En su primer día de clase, la maestra dijo: Hoy vamos a hacer un...
No siempre conseguirás lo que deseas
Un joven estudiante esperanzado pregunta al maestro: “¿Cuándo conseguiré mi cinturón negro?”. El maestro mira al estudiante directamente a los ojos y responde: “Cinco años”. “¡Oh, por Dios!”, replica con sorpresa el estudiante. “Ése es un largo período de tiempo. Pero, si practico con el doble de intensidad, ¿Cuánto tiempo me llevará?” “Diez años“, es la pronta respuesta del maestro. “¡Pero usted no entiende!”, dice el estudiante, “voy a practicar más duro que cualquier otra persona, y seré el mejor en todo. ¡También haré las cosas mucho más rápido, ya lo verá!” El maestro, que ya ha escuchado expresiones como éstas en más de una ocasión, sacude lentamente la cabeza y explica: “En tal caso veinte años, o quizá nunca”. Al ver la expresión de decepción en la cara del estudiante añade: “Tu cabeza está demasiado llena de lo que tú crees ser para karate, sin considerar lo que karate será para ti. Vacía tu mente y tu espíritu para dejar que el aprendizaje fluya y, como una corriente, deja que siga su propio curso”. El estudiante tiene entonces una pregunta más: “¿Durante cuánto tiempo podré estudiar karate?”. “Hasta que mueras”, dice el maestro con una sonrisa. Foto: Camera Eye Photography...
La casa pequeña: Una parábola para ver la vida con otros ojos
Un hombre, agobiado por la difícil situación en la que vivía, acudió a un rabino para pedirle consejo. – Rabino, mi casa es muy pequeña. Vivo con mi mujer, mis hijos y mis suegros en una habitación, por lo que nos estorbamos unos a otros. Nos pasamos el día gritándonos. No sé qué hacer – le dijo con tono desesperado. El rabino le preguntó si tenía una vaca. El hombre le respondió que sí, por lo que le aconsejó que la metiera también dentro de la casa. El hombre se quedó perplejo con el consejo del rabino pero lo siguió al pie de la letra, por lo que una semana más tarde regresó quejándose de que la convivencia era mucho más desagradable que antes. – Mete también en casa a tus dos cabras – le aconsejó el rabino. Una vez más, el hombre siguió el consejo, pero volvió de nuevo explicando que la situación había empeorado. El rabino le preguntó qué otros animales tenía. Cuando el hombre le respondió que sólo tenía un perro y algunas gallinas, el rabino le dijo que los metiera también en casa y volviera a la semana siguiente. Desconcertado, el hombre regresó a su casa y siguió el consejo del rabino pero esta vez, cuando volvió, estaba fuera de sí. – ¡Esto es insoportable! Tengo que hacer algo o me volveré loco. ¡Por favor, ayúdeme! – Escucha con atención: coge la vaca y llévala al establo, saca las cabras al corral, deja al perro fuera de casa y devuelve las gallinas al gallinero. Y dentro de unos días ven de nuevo a verme. Cuando volvió, el hombre estaba eufórico. – ¡Ah, rabino! Ahora en casa hay mucho más espacio, solo están mi mujer, mis hijos y mis suegros. ¡Vaya mejora! Hay situaciones difíciles de tolerar. No cabe dudas. Pero la mayoría de las veces, somos nosotros quienes perdemos la perspectiva y añadimos más presión a una realidad que no es tan mala como la dibujamos. A veces, necesitamos que las cosas empeoren para valorar lo que teníamos, como le ocurrió al hombre de la historia. El problema es que no siempre es posible volver atrás. Fuente: rinconpsicología.com...
¿Hay vida antes de la muerte?
Todas las preguntas que se suscitaron aquel día en la reunión pública estaban referidas a la vida más allá de la muerte. El Maestro se limitaba a sonreír sin dar una sola respuesta. Cuando, más tarde. Los discípulos le preguntaron por qué se había mostrado tan evasivo, él replico: – ¿No habéis observado que los que no saben qué hacer con esta vida son precisamente los que más desean otra vida que dure eternamente? – Pero ¿hay vida después de la muerte o no la hay?, insistió un discípulo. – ¿Hay vida antes de la muerte? ¡Esta es la cuestión! – replico enigmáticamente el Maestro. Fuente: El libro “¿Quién puede hacer que amanezca?” de Anthony de Mello...

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