Educando a través del Karate y las artes marciales. ¿Consecuencia o casualidad?

INTRODUCCIÓN:

Las artes marciales, incluso cuando se insertan en el contexto deportivo, donde se adaptan a las exigencias del reglamento competitivo para preservar la integridad de los participantes y equiparar sus condiciones para un desempeño justo en un escenario controlado; constituyen una filosofía de vida y forma de educación entre otros aspectos, lo cual va más allá de la medalla.

En esta oportunidad se aborda el tema de la educación mediante las artes marciales, ya que está demostrado que sus practicantes desarrollan diversas cualidades psico-sociales como la paciencia, respeto, solidaridad, seguridad, perseverancia, humildad y otras. Sin contradecir lo anterior, debido al trabajo realizado de asesoría en el diseño de planes de entrenamiento y supervisión de sesiones de entrenamiento en diversos países, hemos podido constatar algunos aspectos a perfeccionar en el trabajo para el desarrollo de las cualidades antes mencionadas, y otras afines, y sobre esa base nos pronunciaremos para beneficio de los colegas.

DESARROLLO:

Para analizar el proceso de preparación del Karate (y las artes marciales) en el contexto deportivo en el que se insertan, es imprescindible tomar como referencia la definición establecida por Matvéev, L. P. (1983) de la preparación deportiva como: “…el proceso multifacético de utilización racional del total de factores (medios, métodos y condiciones) que permiten influir de manera dirigida sobre el crecimiento del deportista y asegurar el grado necesario de su disposición a alcanzar elevadas marcas deportivas”. Este proceso busca la formación integral, y está compuesto por las dimensiones física (desarrollo de capacidades de movimiento), técnica (aprendizaje y perfeccionamiento de movimientos), táctica (aplicación de los movimientos para resolver las situaciones que se presentan) y teórico-psicológica (relacionada con la forma de pensar y actuar del sujeto).

Contextualizando esa idea en el marco eminentemente marcial, se observa el planteamiento de Draegger, D. (1974) al definir que: «El Karate-do, adecuadamente enseñado, es un sistema balanceado de disciplina espiritual, educación física, autodefensa y deporte competitivo, siempre que se cumpla con el principio del Gin-Shi-Tai (desarrollo de la mente, el cuerpo y la técnica)”. Esa idea, a su vez, coincide con la premisa postulada por  Egami, S. (1986). Al referir que: «Tradicionalmente han existido diversas formas de organizar el trabajo en el karate. Principalmente esto se estructura en ejercicios fundamentales, compuesto por los kata (ejercicios formales) y el combate (luchas). Estos términos han sido definidos de múltiples formas, escalonando desde la inclusión de muchos aspectos de su práctica, hasta ser limitado a tres, dos, e incluso un solo elemento. Sin embargo, estas definiciones en sí no son de gran interés. Ellas deben ser concebidas, en cambio, en términos de Renshu y Keiko (entrenamiento y práctica). En el primero de los casos solo se enmarca el desarrollo físico y técnico, y en el segundo se abarca un plano más amplio donde, además, se incursiona en el desarrollo mental”.

En el presente artículo, debido a la importancia del tema y el criterio unificado de los autores consultados, trataremos el tema del proceso de educación mediante el Karate y las artes marciales.

Dentro del proceso de preparación marcial y deportiva de los karatekas, y de otras especialidades afines, se destaca la preparación teórico-psicológica (equivalente al Keiko o disciplina espiritual respectivamente). En esa dimensión se busca garantizar que los deportistas desplieguen sus esfuerzos más conscientemente a partir del conocimiento racional del proceso de entrenamiento. En ese sentido, según los autores consultados, el trabajo educativo es el factor fundamental a considerar, y está estrechamente vinculado con la formación integral de los estudiantes y con ello crea condiciones para el desarrollo paulatino de la personalidad profesional.

Hasta este punto, desde el aspecto teórico, la situación se perfila como ideal. No obstante, la realidad, dista mucho de ese modelo. Durante el trabajo realizado por más de dos décadas en diversos países asesorando en el diseño de planes de entrenamiento y supervisando el desarrollo de las sesiones de trabajo, se ha podido constatar lo siguiente:

Dentro del proceso de preparación se incluyen contenidos (ejercicios, actividades, etc.), dirigidos al desarrollo de las dimensiones físicas, técnicas y tácticas; lo cual mayormente no ocurre con relación a los aspectos teórico-psicológicos (educativos). O sea, se realizan carrera para desarrollar rapidez y resistencia, saltos y flexiones para la fuerza, repetición de movimientos para perfeccionar la técnica, y se construyen situaciones de conflicto para ser resueltos mediante análisis tácticos. Pero, a diferencia de esos ejemplos, de manera casi generalizada se constató la ausencia de actividades específicamente dirigidas al desarrollo de la perseverancia, decisión, compañerismo, paciencia, etc. ¿y por qué eso ocurre? Es cierto que por el hecho que se tenga que respetar al maestro, llegar temprano al entrenamiento, obedecer el reglamento y saludar a los compañeros (entre otros aspectos similares), de alguna manera se favorece al desarrollo de la personalidad de los practicantes. No obstante, esa forma de trabajo indirecta y dejada a la casualidad, ofrece beneficios limitados al practicante. En ese sentido, por el contrario, para realmente poder cumplir con los objetivos educativos del proceso de preparación, deben incluirse actividades específicamente orientadas al desarrollo de las cualidades volitivas, en ese caso sin importar la magnitud cuantitativa de la actividad. Por ejemplo:

  • Trabajar la resistencia hasta el rechazo para desarrollar la voluntad.
  • Trabajar la fuerza con pesos superiores para desarrollar la seguridad.
  • Trabajar acrobacias para desarrollar la decisión.
  • Realizar dinámicas de entrenamiento grupales para fomentar la cohesión.
  • Etc.

Solamente así se estará trabajando, de manera consciente y activa, en la educación de los practicantes de karate y otras artes marciales.

CONCLUSION:

El trabajo educativo en el karate y las artes marciales, mayormente, se desarrolla de manera indirecta y dejada a la casualidad, lo cual ofrece limitados beneficios a los practicantes; razón por la cual este trabajo debe ser perfeccionado.

RECOMENDACIONES:

Incluir en los planes y programas de entrenamiento el trabajo educativo, con sus objetivos, contenidos y metodologías específicas, de modo tal que se pueda trabajar de manera consciente y activa, y que puede ofrecer los mejores beneficios a los practicantes.

NECESARIAS PALABRAS FINALES:

Una vez más me toca detenerme en aspectos a perfeccionar en el Karate y las artes marciales. Soy consciente que no toda crítica es bien recibida, incluso cuando está bien fundamentada, debido a la inevitable reacción natural del ser humano de aferrarse a lo conocido. No obstante, como siempre declaro, el karate y las artes marciales han hecho de mí una persona;  y creo que lo menos que puedo hacer en retribución a éstas es tratar de hacerlas mejores actividades, para que puedan beneficiar aún más a las personas involucradas en ellas. Es por eso que, si bien es cierto que mis palabras buscan mayormente romper paradigmas, cambiando la forma de pensar y actuar de las personas (como mismo busca la educación), lo hago siempre con la mejor intención, el mayor respeto y el máximo sustento posible.

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Roberto Gonzalez Harambouren

Author: Roberto Gonzalez Harambouren

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