Tener prisa
Un joven muy entusiasta le pidió a un maestro de sable que lo aceptara como discípulo. «Seré tu sirviente y practicaré sin cesar. ¿Cuánto tiempo me llevará aprenderlo todo?». «Al menos diez años», contestó el maestro. «Eso es demasiado tiempo», replicó el joven. «Supongamos que trabajo el doble que los demás. Entonces, ¿Cuanto tiempo me llevará?. «Treinta años», le dijo el maestro. «¿Que quieres decir?, exclamó el joven. «Haré cualquier cosa para dominar el arte del sable lo más pronto posible». «En ese caso», dijo el maestro en tono serio, «necesitarás cincuenta años. Una persona con tanta prisa es un mal estudiante». A este joven avergonzado se le permitió servir de ayudante con la condición de que no tocara un sable ni hiciera ninguna pregunta sobre ello. El joven pasó los tres años siguientes limpiando, cocinando y haciendo recados. Pero un día, el maestro se acercó sigilosamente al joven y le atacó con un sable de madera. Desde ese momento, el maestro siguió con sus ataques por sorpresa hasta que el joven desarrolló un sexto sentido muy agudo; podía percibir un ataque antes de recibirlo. «Ahora ya estás listo para aprender», le dijo el maestro. La instrucción formal comenzó y el estudiante progresó rápidamente. Foto...
Vanidad
Era un hombre excepcionalmente vanidoso y que aún en las cosas más simples quería llamar la atención. Se encontró con un joven y le dijo: – Tengo un tambor tan enorme que su sonido se puede escuchar a más de mil kilómetros. El estudiante repuso sonriente: – Pues, amigo, yo tengo una vaca de tamaño tan descomunal que cuando anda y apoya las patas delanteras, luego tarda todo un día en apoyar las patas traseras. El hombre protestó: – ¡No puede haber vacas tan grandes! Y el estudiante dijo: – ¿Ah no? – Entonces, dime, ¿de dónde crees que sacan la piel para hacer tu tambor? Maestro: la vanidad lleva en sí misma a menudo su propio castigo Fuente: cuentos espirituales de la China de Ramiro A. Calle Foto...
Sé el Ejemplo
Se explica la anécdota de que una madre llevó a su hijo de seis años a casa de Mahatma Gandhi. Ella le suplicó: – Se lo ruego, Mahatma, dígale a mi hijo que no coma más azúcar. – Es diabético y arriesga su vida haciéndolo. – A mí ya no me hace caso y sufro por él. Gandhi reflexionó y dijo: – Lo siento señora. – Ahora no puedo hacerlo. – Traiga a su hijo dentro de quince días. Sorprendido la mujer le dio las gracias y le prometió que haría lo que le había pedido. Quince días después, volvió con su hijo. Ghandi miró al muchacho a los ojos creando una gran conexión y le dijo: – Chico, deje de comer azúcar. Agradecida, pero extrañada, la madre preguntó: – ¿Por qué me pidió que lo trajera dos semanas después? – Podía haberle dicho lo mismo la primera vez que vino. Gandhi respondió: – Hace quince días, yo comía azúcar. Fuente: cuento del libro “Aplícate el cuento”, relatos de ecología emocional de Jaume Soler y Mercè Conangla Imagen: Sudhamshu Hebbar en...
Vivir el presente
Era un yogui muy anciano. Ni siquiera él mismo recordaba sus años, pero había mantenido la consciencia clara como un diamante, aunque su rostro estaba apergaminado y su cuerpo se había tornado frágil como el de un pajarillo. Al despuntar el día se hallaba efectuando sus abluciones en las frescas aguas del río. Entonces llegaron hasta él algunos aspirantes espirituales y le preguntaron qué debían hacer para adiestrarse en la verdad. El anciano los miró con infinito amor y, tras unos segundos de silencio pleno, dijo: – Yo me aplico del siguiente modo: – Cuando como, como. – Cuando duermo, duermo. – Cuando hago mis abluciones, hago mis abluciones. – … y cuando muero, muero. Y al concluir sus palabras, se murió, abandonando junto a la orilla del río su decrépito cuerpo. Maestro: La verdad no es una abstracción ni un concepto. Cuando la actitud es la correcta, la verdad se cultiva aquí y ahora, de instante en instante. Fuente: 101 cuentos clásicos de la India – Ramiro A. Calle foto portada: Stuck in...
El silencio
Un padre deseaba para sus dos hijos la mejor formación mística posible. Por ese motivo, los envió a adiestrarse espiritualmente con un reputado maestro de la filosofía vedanta. Después de un año, los hijos regresaron al hogar paterno. El padre preguntó a uno de ellos sobre el Brahmán, y el hijo se extendió sobre la Deidad haciendo todo tipo de ilustradas referencias a las escrituras, textos filosóficos y enseñanzas metafísicas. Después, el padre preguntó sobre el Brahmán al otro hijo, y éste se limitó a guardar silencio. Entonces el padre, dirigiéndose a este último, declaró: – Hijo, tú sí que sabes realmente lo que es el Brahmán. Maestro: la palabra es limitada y no puede nombrar lo innombrable. Fuente: 101 cuentos clásicos de la India – Ramiro A. Calle Foto portada: Ciudadano...
Combate entre fantasmas
Era un campesino muy supersticioso. Las cosechas le habían ido bien y otro campesino, lleno de envidia y resentimiento, le dijo un día: – El fantasma de mi abuelo se te va a aparecer a partir de esta noche. – Te prevengo, porque mi abuelo era un hombre de genio atroz. – Seguro que su fantasma tiene la misma furia. – ¡Ten mucho cuidado con él! Esta noche, cuando el campesino iba a dormirse, se sobresaltó en la oscuridad de su cuarto. Aterrado, vio flotando en el aire, la faz desvaída, pero enfurecida, de un fantasma. Encendió la luz, presa de la angustia, y no pudo dormir en toda la noche. Esa misma escena se repitió por varios días y el campesino estaba al borde de la desesperación. Tal era su zozobra que fue al monasterio del pueblo y le expuso al lama lo que le sucedía. El lama escuchó con suma atención. Buscó en un baúl y sacó una fotografía, amarillenta de tan vieja. – Mira bien esta fotografia, campesino – dijo el lama En la fotografia se veía el rostro desdibujado de un anciano. – Este era mi abuelo. El hombre más feroz que nadie haya conocido. Su fantasma es terrible, verdaderamente terrible. Mi abuelo era un hombre colérico hasta la brutalidad. Su fantasma, yo lo he visto, es mucho más irritable que fuera mi abuelo en vida. Ahora yo voy a hacer un encantamiento para que el fantasma de mi abuelo se ponga a tu servicio. Cuando aparezca el fantasma del abuelo del campesino que quiere perjudicarte, le lanzas contra él al fantasma de mi abuelo. Te aseguro que el fantasma de mi abuelo lo va a destrozar y nunca más volverás a ser molestado. Ahora vete tranquilamente. Ya veo que va contigo, para custodiarte y ayudarte, el fantasma de mi abuelo. Llegó la noche. El campesino supersticioso se fue a la cama. Apagó la luz. De súbito, se presentó el fantasma que le venía hostigando desde hacía días. Lanzó contra él el fantasma enfurecido y muy violento del abuelo del lama. Fue una pelea tremenda, en la oscuridad hermética del cuarto del campesino. El fantasma del abuelo del lama se impuso en la pelea, golpeó brutalmente al otro fantasma, le redujo y le humilló. Le exigió el juramiento de que jamás volvería a molestar al pacífico campesino y el fantasma, avergonzado, lo juró. Pasaron los días. Nunca el campesino volvió a ser molestado por el fantasma. Muy agradecido llevó algunas verduras al lama. El lama le dijo: – Ahora quiero que durante unos meses medites tal como te voy a enseñar. – Así esclarezcas tu...

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