El Samurái y el Perro
Había una vez un samurái que solía tener la costumbre de pasear con su perro al cual tenía una gran estima. Un día su perro se alejó de él y jugueteaba con las hojas que caían de los árboles. Más grande fue la sorpresa del samurái, cuando de repente su perro se lanzó corriendo contra él con aire fiero. El samurái, que estaba bien entrenado desenvaino su espada y justo cuando el perro saltó le cortó la cabeza. El samurái no entendió cómo era posible que su fiel perro se hubiera puesto en contra suya. Entonces elevó la cabeza y vio como una serpiente, que estaba en una rama, se estaba acercando peligrosamente a él. Cuando el samurái comprendió que lo que intentaba su perro era salvarle y no lastimarle lloró amargamente. Fue entonces cuando recordó una vieja enseñanza de su maestro: “El sentido de una acción no siempre es fácil de interpretar. Por eso, antes de desenvainar tu espada, asegúrate que esa es tu única opción.” RELATO...
Problemas
Erase una vez un sabio muy conocido que vivía en una montaña del Himalaya. Cansado de convivir con los hombres, había optado por una vida sencilla, y pasaba la mayor parte de su tiempo meditando. Este sabio, como era un hombre muy compasivo, no dejaba de dar un consejo aquí y otro allá. A pesar de todo, éstos aparecían en grupos cada vez mayores y, en cierta ocasión, una multitud se agolpó a su puerta diciendo que en el periódico local se habían publicado que él sabía cómo superar las dificultades de la vida. El sabio les pidió a todos que se sentasen y esperasen. Cuando ya no quedaba espacio para nadie más, él se dirigió a la muchedumbre que esperaba frente a su puerta: -Os os voy a dar la respuesta que todos queréis. Pero debéis prometerme que, a medida que vuestros problemas se solucionen, les diréis a los nuevos peregrinos que me fui de aquí, de manera que yo pueda continuar viviendo en la soledad que tanto anhelo. Contadme vuestros problemas. Alguien comenzó a hablar, pero fue inmediatamente interrumpido por otras personas, ya que sabían que aquélla era la última audiencia pública que el hombre santo daría, y temían que no tuviera tiempo de escucharlos a todos. El sabio dejó que la escena se prolongase un poco más, y por fin gritó: -¡Silencio! Escribid vuestros problemas y dejad los papeles aquí, frente a mí. Cuando todos terminaron, el sabio mezcló todos los papeles en una cesta, pidiendo a continuación: -Id pasando esta cesta de mano en mano, y que cada uno saque un papel y lo lea. Entonces podréis cambiar vuestro problema por el que os ha tocado, o pedir que os devuelvan el papel con el problema que escribisteis originalmente. Todos los presentes fueron tomando una de las hojas de papel, la leyeron, y quedaron horrorizados. Sacaron como conclusión que aquello que habían escrito, por muy malo que fuese, no era tan serio como lo que afligía a sus vecinos. Dos horas después, intercambiaron los papeles, y cada uno volvió a meter en su bolsillo su problema personal, aliviado al saber que su aflicción no era tan dura como se imaginaba. Agradecieron la lección, bajaron la montaña con la seguridad de que eran más felices que los demás, y –cumpliendo el juramento realizado- nunca más permitieron que nadie perturbase la paz de aquel hombre santo. Foto...
Lo que Eres y lo que No Eres
¿Crees que sabes quién eres porque conoces tu nombre, tu profesión, los roles que representas en tu vida, tu carácter, lo que te gusta, lo que no te gusta? Los roles en tu vida son papeles que representas en el teatro del mundo, van cambiando con las épocas del ciclo vital y con tus propios intereses y transformaciones: hombre, mujer, orientación sexual, profesión, estado civil, madre, padre, hijo, hija… Todo eso son papeles cambiantes, roles. Nada de eso eres tú. Pueden desaparecer todos esos roles y sigues siendo. Tu carácter también es algo que puede cambiar. El cerebro es plástico, podemos entrenar nuestra mente y cambiar nuestro estado de conciencia y con ello cambia nuestro ‘carácter’. Lo que nos gusta y no nos gusta también cambia. ¿Te gustan las mismas lecturas, las mismas comidas o bebidas, los mismos lugares de descanso que cuando eras niño o niña o que hace unos años? Tu nombre tampoco te representa. Es sólo una etiqueta. Un conjunto de sonidos que tus padres escogieron y al que estás condicionado o condicionada a responder. Todo eso son etiquetas, son como la ola en el océano. Hermosa pero pasajera. Eres mucho más grande, un Ser mucho más maravilloso que todos esos roles y etiquetas. No eres nada que pueda ser añadido al «Yo Soy». El viaje más difícil y, a la vez, el más extraordinario de tu vida es el que te llevará a conocerte. Si estás leyendo esto y lo comprendes, aunque sólo sea en parte, es que ya has comenzado ese viaje. Fuente: linkcerebromente.blogspot.com Foto portada: Yolanda...
El corcho pedagógico
Cierto día, un supervisor visitó una escuela primaria. En su recorrido observó algo que le llamó la atención: una maestra estaba atrincherada atrás de su escritorio, los alumnos hacían un gran desorden, el cuadro era caótico. Decidió presentarse: «Permiso, soy el Supervisor… ¿Algún problema?» «Estoy abrumada señor, no sé qué hacer con estos chicos… No tengo láminas, no tengo libros, la secretaría no me manda material didáctico, no tengo recursos electrónicos, no tengo nada nuevo que mostrarles ni qué decirles…» El inspector que era un «Docente de Alma», vio un corcho en el desordenado escritorio, lo tomó y con aplomo se dirigió a los chicos: ¿Qué es esto? «Un corcho señor» ….gritaron los alumnos sorprendidos. «Bien, ¿De dónde sale el corcho?». «De la botella señor. Lo coloca una máquina…», «del alcornoque… de un árbol»… «de la madera…»,respondían animosos los niños. «¿Y qué se puede hacer con madera?», continuaba entusiasta el docente. «Sillas…», «una mesa…», «un barco!». Bien, tenemos un barco. ¿Quién lo dibuja? ¿Quién hace un mapa en el pizarrón y coloca el puerto más cercano para nuestro barquito? Escriban a qué Estado del país pertenece. ¿Y cuál es el otro puerto más cercano? ¿A qué país corresponde? ¿Qué poeta conocen que allí nació? ¿Qué produce esta región? ¿Alguien recuerda una canción de este lugar? Y comenzó una tarea de geografía, de historia, de música, economía, literatura, religión, etc. La maestra quedó impresionada. Al terminar la clase le dijo conmovida: «Señor nunca olvidaré lo que me enseñó hoy. Muchas Gracias.» Pasó el tiempo. El supervisor volvió a la escuela y buscó a la maestra. Estaba acurrucada atrás de su escritorio, los alumnos otra vez en total desorden… «Señorita… ¿Qué pasó? ¿No se acuerda de mí?» Sí señor. ¡Cómo olvidarme! Qué suerte que regresó. No encuentro el corcho. ¿Dónde lo dejó?». Cuando el maestro no tiene vocación o alma de maestro, nunca encuentra el corcho!!! Foto...
El Roble Triste…
Había una vez, algún lugar que podría ser cualquier lugar, y en un tiempo que podría ser cualquier tiempo, un hermoso jardín, con manzanos, naranjos, perales y bellísimos rosales, todos ellos felices y satisfechos. Todo era alegría en el jardín, excepto por un árbol profundamente triste. El pobre tenía un problema: No sabía quién era. Lo que le faltaba era concentración, le decía el manzano: – Si realmente lo intentas, podrás tener sabrosas manzanas. ¿Ves qué fácil es? – No lo escuches, exigía el rosal, es más sencillo tener rosas y ¿Ves qué bellas son?. Y el árbol desesperado intentaba todo lo que le sugerían y, como no lograba ser como los demás, se sentía cada vez más frustrado. Un día llegó hasta el jardín el búho, la más sabia de las aves, y al ver la desesperación del árbol, exclamó: – No te preocupes, tu problema no es tan grave. Es el mismo de muchísimos seres sobre la tierra. Yo te daré la solución: no dediques tu vida a ser como los demás quieran que seas… sé tú mismo, conócete y, para lograrlo, escucha tu voz interior. – Y dicho esto, el búho desapareció. – ¿Mi voz interior…? ¿Ser yo mismo…? ¿Conocerme…? , se preguntaba el árbol desesperado, cuando, de pronto, comprendió… Y cerrando los ojos y los oídos, abrió el corazón, y por fin pudo escuchar su voz interior diciéndole: Tú jamás darás manzanas porque no eres un manzano, ni florecerás cada primavera porque no eres un rosal. Eres un roble y tu destino es crecer grande y majestuoso, dar cobijo a las aves, sombra a los viajeros, belleza al paisaje… Tienes una misión: cúmplela. Y el árbol se sintió fuerte y seguro de sí mismo y se dispuso a ser todo aquello para lo cual estaba destinado. Así, pronto llenó su espacio y fue admirado y respetado por todos. Y sólo entonces el jardín fue completamente feliz. Yo me pregunto al ver a mi alrededor… – ¿Cuántos serán robles que no se permiten a sí mismos crecer? – ¿Cuántos serán rosales que, por miedo al reto, sólo dan espinas? – ¿Cuántos naranjos que no saben florecer? En la vida, todos tenemos un destino que cumplir, un espacio que llenar… No permitamos que nada ni nadie nos impida conocer y compartir la maravillosa esencia de nuestro ser. Démonos ese regalo a nosotros mismos y también a quienes amamos. Fuente: Irene Villa Foto portada: Pedro Nuno Teixeira...
Transforma tu Vida por medio de la Respiración
Cada respiración consciente te ancla en el Ahora. No puedes respirar el aire de ayer. No puedes respirar el aire de mañana. Por la mañana en la ducha, no puedes hacer todas las respiraciones del día para tenerlas hechas. Ni siquiera puedes inspirar y espirar a la vez. Tampoco puedes respirar conscientemente y pensar en otra cosa. Inténtalo, comprobarás que no es posible. Centrar tu Conciencia en la Respiración abre la puerta al Ahora. Nota cómo tu abdomen sube y baja al respirar, cómo tu pecho se expande y contrae con la respiración. Observa cómo tu cuerpo respira, no tienes que hacer nada, sólo observar cómo tu cuerpo lo hace. Observa también la pequeña pausa que hay entre respiración y respiración, observar esa pausa da mucha calma. Tu mente se detiene y empiezas a notar más calma. Eckart Tolle en «Un Nuevo Mundo, Ahora», recomienda observar la respiración con tanta frecuencia como podamos, cada vez que nos acordemos. Una respiración consciente, dos o tres aún mejor. Dice que tras un año haciéndolo conseguiremos más que yendo a muchos cursos, y será gratis. Y es cierto. Puedo asegurar que es cierto. Llevo años haciéndolo y es verdad. En Oriente llevan miles de años enseñando a hacer esto. Claro, que la mente dice «eso es muy difícil», porque no quiere que lo hagamos, porque la cháchara mental continua se interrumpe. No creas lo que dice la mente. Lo que te dice tu mente no tiene porqué ser verdad. Tampoco me creas. No creas a Tolle. No creas a Buddha. Compruébalo. Atrévete a probarlo. Fuente: cerebromente.blogspot.com. Foto portada:...

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