Expiar nuestros errores
Feb22

Expiar nuestros errores

Zenkai, hijo de un samurai, asesinó a un oficial en defensa propia. Huyó de la ciudad donde vivía y, sin recursos, se convirtió en ladrón. Años después, harto de llevar esa vida, sintió que era el momento de expiar por sus errores pasados. Resolvió entonces realizar alguna buena acción. Y así fue que llegó a un pueblo en donde un quebradizo puente sobre un peligroso acantilado había causado muchas muertes. Zenkai decidió cavar un túnel en la montaña para ayudar a todos. Durante el día, comía de las limosnas que los pobladores le daban. Durante la noche, cavaba el túnel. Después de 30 años, el túnel estaba muy avanzado y Zenkai sabía que en pocos años más terminaría su labor. Pero un buen día, llegó al pueblo el hijo de aquel oficial que Zenkai había asesinado en defensa propia. Y lo único que el joven anhelaba era vengar a su padre. – Te daré mi vida voluntariamente – dijo Zenkai. Lo único que te pido es que me dejes terminar el túnel. Cuando complete mi labor, puedes matarme. El hijo con sed de venganza decidió esperar la llegada de ese día. Pasaron varios meses y Zenkai seguía cavando incansable. El hijo entonces, cansado de no hacer nada salvo esperar la hora de su venganza, comenzó a ayudar con la excavación. Un año pasó rápidamente, y rápidamente también el hijo llegó a admirar la fuerza de voluntad, valentía y paciencia de Zenkai. Finalmente, el túnel fue terminado. Los pobladores estaban agradecidos de poder cruzar ya sin riesgo alguno. – Ahora puedes cortar mi cabeza – dijo Zenkai. Mi trabajo ha concluido. – ¿Cómo podría yo cortar la cabeza de mi maestro? – murmuró el joven con lágrimas en los ojos. Foto portada: Mr....

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Conocerse a uno mismo
Feb15

Conocerse a uno mismo

  Un niño de la India fue enviado a estudiar a un colegio de otro país. Pasaron algunas semanas, y un día el jovencito se enteró de que en el colegio había otro niño indio y se sintió feliz. Indagó sobre ese niño y supo que el niño era del mismo pueblo que él y experimentó un gran contento. Más adelante le llegaron noticias de que el niño tenía su misma edad y tuvo una enorme satisfacción. Pasaron unas semanas más y comprobó finalmente que el niño era como él y tenía su mismo nombre. Entonces, a decir verdad, su felicidad fue inconmensurable. Maestro: no hay mayor gozo en este mundo que el de conocerse a uno mismo. Fuente: 101 cuentos clásicos de la India de Ramiro A. Calle Foto...

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Impaciencia
Feb08

Impaciencia

Un estudiante preguntó a un maestro de zen cuánto tiempo le llevaría iluminarse. El maestro respondió: – Unos quince años. – ¿Qué? – exclamó el estudiante – ¿Quince años? – Bueno, para tí llevaría unos veinticinco años. – ¡Qué en mi caso llevaría veinticinco años! – Ahora que lo pienso mejor, puede que llevará cincuenta años Fuente: El despertar del zen en occidente de Philip Kapleau Foto portada:  photographer padawan *(xava...

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Leyenda de Sadako Sasaki y las mil grullas de origami. Mil grullas por Japón. Una leyenda para la esperanza.

Según una leyenda japonesa, tu mayor deseo se hará realidad, si construyes mil grullas de papel. La consigna de crear grullas de papel en la lucha por la paz, se remonta a la historia de una de las pequeñas víctimas de la bomba de Hiroshima durante la Segunda Guerra Mundial. Sadako Sasaki tenía dos años cuando cayó la bomba en Hiroshima, ciudad en la que vivía. Diez  años más tarde (cuando tenía 12 años), como consecuencia de la irradiación que le produjo la bomba de Hiroshima, los médicos le diagnosticaron leucemia. Cuando la pequeña Sadako estaba en el hospital recuperándose de su enfermedad, su amiga Chizucho le explicó la historia de las 1.000  grullas de papel. La historia consiste en que si deseas algo con mucha fuerza y  construyes 1.000 grullas de papel ( papiroflexia), los dioses te concederán ese deseo que tanto anhelas. Es así como Sadako deseó curarse de su terrible enfermedad y para ello se propuso construir por sí misma 1.000 grullas de papel, aunque no logró conseguirlo porque falleció mucho antes de poder acabarlas todas. Murió en octubre de 1955 y sólo había conseguido plegar 644 grullas de papel. Simbólicamente, sus amigos continuaron su misión y completaron las mil grullas, con la esperanza de que se evitaran las guerras en el futuro y se consiguiera la paz entre todos los países del mundo. Tres años más tarde de la muerte de Sadako, los niños de toda la ciudad de Hiroshima le dedicaron una estatua de ella con una grulla en su mano. La estatua está en el  Parque de la Paz de Hiroshima. Cada año, para el 6 de agosto, Día de la Paz, llegan miles de grullas de papel a Hiroshima desde todos los lugares del planeta. Los niños de la ciudad cuelgan las grullas en el monumento de Sadako, con la esperanza de transmitir este mensaje a todo el mundo. Como consecuencia del Terremoto de Japón, muchísimas personas y asociaciones de todos los lugares del mundo se han propuesto construir grullas de papel con la finalidad de enviarlas a Japón. En Japón hay personas encargadas de recoger estas grullas que la gente envía anónimamente y colocarlas en los distintos templos del país, con el deseo de que Japón pueda salir de la pesadilla  que está viviendo y que la vida, la salud, la esperanza y la prosperidad se restablezcan de nuevo en sus vidas. Una japonesa residente en Madrid ha recuperado la leyenda japonesa de las mil grullas de papel para pedir a los internautas que se unan a esta iniciativa de abrazo y ánimo a Japón que simboliza la paz. A través de una página web llamada ‘Las 1.000 grullas ‘.  Makiko pide ayuda para...

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El León y la oveja
Ene28

El León y la oveja

La ancestral parábola de Oriente habla de una leona que estaba saltando de una colina a otra colina y justo a la mitad dio a luz a un cachorro. El cachorro cayó en el camino por el cual pasaba un gran rebaño de ovejas. Naturalmente él se mezcló con las ovejas, vivía con las ovejas, se comportaba como una oveja. No tenía idea, ni siquiera en sus sueños, de que él es un león. ¿Cómo podía tenerla? Todo a su alrededor eran ovejas y más ovejas. Nunca había rugido como un león; una oveja no ruge. Nunca había estado solo como un león; una oveja nunca está sola. Está siempre en el rebaño; el rebaño es acogedor, seguro, confiable. Si ves ovejas caminando, caminan tan juntas que casi se están tropezando unas con otras. Tienen mucho miedo de estar solas. Pero el león empezó a crecer. Era un fenómeno extraño. Estaba mentalmente identificado con ser una oveja, pero la biología no funciona de acuerdo a tu identificación; la naturaleza no va a seguirte. Se convirtió en un león joven y hermoso, pero como las cosas sucedieron tan lentamente las ovejas también se acostumbraron al león mientras que el león se fue acostumbrando a las ovejas. Las ovejas pensaban que estaba un poco loco, naturalmente. Él no se está comportando — está un poco loco — y continúa creciendo. No tendría que ser así. Y pretende ser un león… pero él no es un león. Lo han visto desde su mismo nacimiento, ellas lo han criado, le han dado su leche. Y él no era vegetariano por naturaleza. Ningún león es vegetariano, pero este león era vegetariano porque las ovejas son vegetarianas. Él acostumbraba comer hierba con gran alegría. Ellas aceptaron esta pequeña diferencia, que era algo grande y parecía un león. Una oveja muy sabia dijo:“Es solamente un fenómeno de la naturaleza. Sucede de vez en cuando”. Y él mismo aceptaba también que esto era cierto. Su color era diferente, su cuerpo era diferente; él debía ser un fenómeno, anormal. ¡Pero la idea de que él sea un león era imposible! Estaba rodeado por todas esas ovejas, y los psicoanalistas de las ovejas le dieron explicaciones: “Tú eres sólo un fenómeno de la naturaleza. No te preocupes. Estamos aquí para cuidarte”. Pero un día un viejo león pasó y vio a este león joven muy por encima de las ovejas. ¡No podía creer lo que veía! Nunca había visto cosa tal ni había nunca escuchado en la historia de todo el pasado, que un león estuviera en medio de un rebaño de ovejas y ninguna oveja estuviera asustada. Y...

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El buscador

Esta es la historia de un hombre al que yo definiría como buscador. Un buscador es alguien que busca. No necesariamente es alguien que encuentra. Tampoco esa alguien que sabe lo que está buscando. Es simplemente para quien su vida es una búsqueda. Un día un buscador sintió que debía ir hacia la ciudad de Kammir. Él había aprendido a hacer caso riguroso a esas sensaciones que venían de un lugar desconocido de sí mismo, así que dejó todo y partió. Después de dos días de marcha por los polvorientos caminos divisó Kammir, a lo lejos. Un poco antes de llegar al pueblo, una colina a la derecha del sendero le llamó la atención. Estaba tapizada de un verde maravilloso y había un montón de árboles, pájaros y flores encantadoras. La rodeaba por completo una especie de valla pequeña de madera lustrada… Una portezuela de bronce lo invitaba a entrar. De pronto sintió que olvidaba el pueblo y sucumbió ante la tentación de descansar por un momento en ese lugar. El buscador traspaso el portal y empezó a caminar lentamente entre las piedras blancas que estaban distribuidas como al azar, entre los árboles. Dejó que sus ojos eran los de un buscador, quizá por eso descubrió, sobre una de las piedras, aquella inscripción … “Abedul Tare, vivió 8 años, 6 meses, 2 semanas y 3 días”. Se sobrecogió un poco al darse cuenta de que esa piedra no era simplemente una piedra. Era una lápida, sintió pena al pensar que un niño de tan corta edad estaba enterrado en ese lugar… Mirando a su alrededor, el hombre se dio cuenta de que la piedra de al lado, también tenía una inscripción, se acercó a leerla decía “Llamar Kalib, vivió 5 años, 8 meses y 3 semanas”. El buscador se sintió terrible mente conmocionado. Este hermoso lugar, era un cementerio y cada piedra una lápida. Todas tenían inscripciones similares: un nombre y el tiempo de vida exacto del muerto, pero lo que lo contactó con el espanto, fue comprobar que, el que más tiempo había vivido, apenas sobrepasaba 11 años. Embargado por un dolor terrible, se sentó y se puso a llorar. El cuidador del cementerio pasaba por ahí y se acercó, lo miró llorar por un rato en silencio y luego le preguntó si lloraba por algún familiar. – No ningún familiar – dijo el buscador – ¿Qué pasa con este pueblo?, ¿Qué cosa tan terrible hay en esta ciudad? ¿Por qué tantos niños muertos enterrados en este lugar? ¿Cuál es la horrible maldición que pesa sobre esta gente, que lo ha obligado a construir un cementerio de chicos?....

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