El Secreto de la Eficacia
Ito Ittosai, incluso después de haberse convertido en un experto y en un profesor famoso en el arte del sable, no estaba satisfecho de su nivel. A pesar de sus esfuerzos, tenía conciencia de que desde hacia algún tiempo no conseguía progresar. En efecto, los sutras cuentan que el Buda se sentó bajo una higuera para meditar con la firme resolución de no moverse hasta que no recibiera la comprensión última de la existencia del Universo. Determinado a morir en ese mismo sitio antes que renunciar, el Buda realizó su voto: despertó la Suprema Verdad. Ito Ittosai se dirigió pues a un templo con el fin de descubrir el secreto del arte del sable. Durante 7 días y 7 noches estuvo consagrado a la meditación. Al alba del octavo día, exhausto y desalentado por no haber conseguido saber algo más se resignó a volver a su casa, abandonando toda esperanza de penetrar el famoso secreto. Después de salir del templo tomó una carretera rodeada de árboles. Cuando apenas había dado unos pasos, sintió de pronto una presencia amenazante detrás de él y sin reflexionar se volvió al mismo tiempo que desenvainaba el sable. Entonces se dio cuenta que su gesto espontáneo acababa de salvarle la vida. Un bandido yacía a sus pies con un sable en la...
Aprendiz de Samurai
Hoy era un día feliz para Kan, hoy cumplía 12 años y su padre había prometido concederle el mayor de los tesoros. Una espada de Samurai. Naturalmente no sería una espada de doble diamante como la de su padre, sería una sencilla espada katana. Lo demás habría de ganárselo por si mismo. Era un inmenso honor el que le hacía su padre. A partir de ahora dejaba de ser un niño para convertiste en todo un aprendiz de Samurai. Un brillante futuro se presentaba por delante si estaba dispuesto a aprender y a trabajar. Y kan lo estaba desde lo más profundo de su corazón. Su padre Kazo estaba frente a él, solemne e imponente como era natural en su persona. El anciano Samurai aparentaba mucha menos edad de la que realmente tenía, solo su larga cabellera blanca y unos ojos llenos de sabiduría rebelaban su verdadera edad. Su armadura de General Samurai reflejaba los dorados rayos del sol como si fuera de oro mientras que los dobles diamantes engastados en la empuñadura de su propia espada katana formaban un doble arco iris enlazado en su base. Kazo había luchado mil batallas y formado a cientos de Samuráis, y por fin hoy iba a instruir a su propio hijo. Un acontecimiento que llevaba esperando desde hace doce años. En sus manos sostenía la futura katana de su hijo, un arma poderosa que debía usarse con sabiduría. Kan debía entender que lo más importante de un Samurai no era su arma, sino su sabiduría y su honor. La cara de Kan resplandeciente de honor y gozo al recibir su espada, llenó el corazón de su padre de un orgullo como nunca antes había sentido. Ahora ya era oficial, el joven aprendiz había superado todas las sutiles trampas que se le habían tendido y por sus propios méritos se había convertido en uno más del clan. Esa misma noche, después de las celebraciones y las risas, padre e hijo se sentaron juntos alrededor de la hoguera. La noche era cálida y en el cielo lucían las estrellas como luciérnagas en un estanque, la Luna llena brillaba con fuerza, como si quisiera arropar al joven Samurai con sus rayos de luz. – Hijo mío – La voz de Kazo era grabe, relajante y penetrante como las caricias de una madre – Hoy has dado un paso muy importante en tu vida. Has dejado de ser una persona normal, has dejado el bosque para introducirte en el camino de la vida por el sendero del Samurai. Has superado la trampa invisible que tienden los fantasmas del miedo y del fracaso. Nunca luches contra...
Miau
Un samurai, feroz guerrero, pescaba apacilemente a la orilla de un río. Pescó un pez y se disponía a cocinarlo cuando el gato, oculto bajo una mata, dio un salto y le robó su presa. Al darse cuenta, el samurai se enfureció, sacó su sable y de un golpe partió el gato en dos. Este guerrero era un budista ferviente y el remordimiento de haber matado a un ser vivo no le dejaba luego vivir en paz. Al entrar en casa, el susurro del viento en los árboles murmuraba miau. Las personas con la que se cruzaba parecían decirle miau. La mirada de los niños reflejaba maullidos. Cuando se acercaba, sus amigos maullaban sin cesar. De noche no soñaba más que miaus. De día, cada sonido, pensamiento o acto de su vida se transformaba en miau. El mismo se había convertido en un maullido. Su estado no hacía más que empeorar. La obsesión le perseguía, le torturaba sin tregua ni descanso. No pudiendo acabar con los maullidos, fue al temploa pedir consejo a un viejo maestro Zen. – Por favor, te lo suplico, ayúdame, libérame. El Maestro le respondió: – Eres un guerrero, ¿cómo has podido caer tan bajo? Si no puedes vencer por ti mismo los miaus, mereces la muerte. No tienes otra solución que hacerte el haraquiri. Aquí y ahora. – Y añadió: Sin embargo, soy monje y tengo piedad de ti. Cuando comiences a abrirte el vientre, te cortaré la cabeza con mi sable para abreviar tus sufrimientos. El samurai accedió y, a pesar de su miedo a la muerte, se preparó para la ceremonia. Cuando todo estuvo dispuesto, se sentó sobre sus rodillas, tomó su puñal con ambas manos y lo orientó hacia el vientre. Detrás de él, de pie, el Maestro blandía su sable. – Ha llegado el momento -le dijo-, empieza. Lentamente, el samurai apoyó la punta del cuchillo sobre su abdomen. Entonces, el maestro le preguntó: – ¿Oyes ahora los maullidos? – Oh, no, ¡Ahora no! – Entonces, si han desaparecido, no es necesario que mueras. Maestro: En realidad, todos somos muy parecidos a ese samurai. Ansiosos y atormentados, miedosos y quejicas, la menor cosa nos espanta. Los problemas que nos preocupan no tienen la importancia que les otorgamos. Son parecidos al miau de la historia. Ante la muerte, ¿qué cosa hay que importe? Fuente: tradicional Zen, autor...
Lecciones de Vida
Escrito por Regina Brett, 90 años, de «The Plain Dealer», Cleveland, OhioPara celebrar la llegada a mi edad avanzada escribí unas lecciones que me ha enseñado la vida. La vida no es justa, pero aún así es buena. La vida es demasiada corta para perder el tiempo odiando a alguien. Tu trabajo no te cuidará cuando estés enfermo. Tus amigos y familia sí. Mantente en contacto. No tienes que ganar cada discusión. Debes estar de acuerdo en no estar de acuerdo Llora con alguien. Alivia más que llorar solo. Cuando se trata de chocolate, la resistencia es inútil. Haz las paces con tu pasado para que no arruine el presente. No compares tu vida con la de otros. No tienes ni idea de cómo es su travesía. Si una relación tiene que ser secreta, mejor no tenerla. Respira profundamente. Eso calma la mente. Elimina todo lo que no sea útil, hermoso o alegre. Lo que no te mata, en realidad te hace más fuerte. Nunca es demasiado tarde para tener una niñez feliz. Pero la segunda sólo depende de ti. Cuando se trata de perseguir aquello que amas en la vida, no aceptes un «no» por respuesta. Enciende las velas, utiliza las sábanas bonitas, ponte la lencería cara. No la guardes para una ocasión especial. Hoy es especial. Sé excéntrico ahora. No esperes a ser viejo para serlo. El órgano sexual más importante es el cerebro. Nadie es responsable de tu felicidad, sólo tú. Enmarca todo supuesto «desastre» con estas palabras: «En cinco años, ¿esto importará?» Perdónales todo a todos. Lo que las otras personas piensen de ti, no te incumbe. El tiempo sana casi todo. Dale tiempo al tiempo. Por más buena o mala que sea una situación, algún día cambiará. No te tomes tan en serio. Nadie más lo hace. No cuestiones la vida. Sólo vívela y aprovéchala al máximo hoy. Llegar a viejo es mejor que la alternativa…..morir joven. Todo lo que verdaderamente importa al final es que hayas amado. Sal todos los días. Los milagros están esperando en todas partes. Si juntáramos nuestros problemas y viéramos los montones de los demás, querríamos los nuestros. La envidia es una pérdida de tiempo. Tú ya tienes todo lo que necesitas. Lo mejor está aún por llegar. No importa cómo te sientas… arréglate y preséntate. Cede. La vida no está envuelta con un lazo pero sigue siendo un regalo. Los Amigos son la Familia que nosotros mismos...
ACTITUD
ACTITUD Una mujer muy sabia se despertó una mañana, se miro al espejo, Y noto que tenía solamente tres cabellos en su cabeza. ‘Hmmm’ pensó, ‘Creo que hoy me voy a hacer una trenza’. Así lo hizo y paso un día maravilloso. El siguiente día se despertó, se miro al espejo .Y vio que tenía solamente dos cabellos en su cabeza. ‘HUM’ dijo, ‘Creo que hoy me peinaré de raya en medio’ Así lo hizo y paso un día grandioso. El siguiente día cuando despertó, se miro al espejo y noto que solamente le quedaba un cabello en su cabeza. ‘Bueno’ ella dijo, ‘ahora me voy a hacer una cola de caballo.’ Así lo hizo y tuvo un día muy muy divertido. A la mañana siguiente cuando despertó, corrió al espejo y enseguida noto que no le quedaba un sólo cabello en la cabeza. ‘Que Bien!’ Exclamo. ‘Hoy no voy a tener que peinarme!’ Tu actitud es todo. Siempre, sé respetuoso, Porque cada persona que te encuentres esta peleando alguna clase de...
Solo quiero aire
El joven llevaba un tiempo reflexionando sobre el sentido de su vida. Y, para su desconcierto, barajaba múltiples posibilidades sin que destacase ninguna. Un día se decidió por ir a ver a un reputado y sabio maestro y pedirle consejo: Señor, ¿qué debo hacer para conseguir lo que quiero?, le preguntó. El sabio no contestó. El joven después de repetir su pregunta varias veces con el mismo resultado se marchó y volvió al día siguiente con la misma demanda. No obtuvo ninguna respuesta y entonces volvió por tercera vez y repitió su pregunta: ¿Qué debo hacer para conseguir lo que quiero, Señor? El sabio le dijo: Ven conmigo. Y se dirigieron a un río cercano. Entró en el agua llevando al joven de la mano y cuando alcanzaron cierta profundidad el sabio se apoyó en los hombros del joven y lo sumergió en el agua y pese a los esfuerzos del joven por desasirse de él, allí lo mantuvo hasta casi ahogarlo. Al fin lo dejó salir y el joven respiró recuperando su aliento. Entonces le preguntó el sabio: Cuando estabas bajo el agua, ¿qué era lo que más deseabas? Sin vacilar contestó el joven: Aire, quería aire. ¿No hubieras preferido mejor riquezas, comodidad, placeres, poder o amor? No, señor, deseaba aire, necesitaba aire y solo aire -fue su inmediata respuesta sin vacilación. Entonces, le contestó el sabio, para conseguir lo que tú quieres debes quererlo con la misma intensidad que necesitabas el aire, debes luchar centrándote en ello y excluir todo lo demás. Debe ser tu única aspiración día y noche. Si tienes ese fervor, conseguirás sin duda cualquier cosa que...

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