Obediencia
Abr16

Obediencia

A las charlas del maestro Bankei asistían no solo estudiantes de Zen, sino personas de toda condición y creencia. Bankei no recurría jamás a citas de los sutras, ni se enzarzaba en discusiones escolásticas. Sus palabras le salían directamente del corazón e iban dirigidas a las corazones de sus oyentes. Sus largas audiencias acabaron irritando a un sacerdote de la escuela Nichiren, cuyos adeptos lo habían abandonado para ir a oír hablar del Zen. Cierto día, este egocéntrico sacerdote se encaminó hacia el templo donde disertaba Bankei, con el propósito decidido de entablar con él un duro debate. – Eh tú, maestro Zen, – gritó – Atiende a esto. – Quienquiera que te respete te obedecerá en cuanto digas … – .. pero un hombre como yo no profesa respeto alguno. – ¿Cómo puedes hacer que te obedezca? Bankei dijo: – Acércate a mi lado y te demostraré. Orgullosamente, el sacerdote avanzó entre la multitud hasta llegar al lugar ocupado por el maestro. Este sonreía: – Colócate a mi izquierda. El sacerdote obedeció. – No espera – se retractó Bankei. – Hablaremos mejor si estás a mi derecha. – Ponte aquí. El sacerdote se dirigió altivamente hacia la derecha. – ¿Lo ves? – observó entonces Bankei. – Estás obedeciéndome. – Y la verdad es que pienso que eres una persona muy dócil. – Ahora siéntate y escucha. Fuente: cuento tradicional...

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Desde la Ignorancia a la Sabiduría
Abr01

Desde la Ignorancia a la Sabiduría

Gustavo A. Reque CN-6ºDan Para alcanzar el estado mental de sabiduría, que no es otro que -un estado mental en el que se vive muy bien- sólo hacen falta dos ingredientes: la voluntad y el aprendizaje. El primero tiene que ver con el deseo y el segundo con la pereza. El aprendizaje nace en un deseo que nos conduce al conocimiento y de ahí a la sabiduría, pero no confundamos el conocimiento con la sabiduría. El conocimiento te ayudará a ganarte la vida, mientras que la sabiduría, a construirla. No obstante, ambos tienen un denominador común: el proceso de aprendizaje., Cuando comienzas a preocuparte por algo, maravillosa preocupación, comienzas a darte cuenta de la ignorancia en la que vives. Este «darse cuenta», implica un grado de reconocimiento y de humildad que te llevará hacia el desarrollo de tu conciencia. Después entrarás en la fase de la recolecta de información sobre el tema que te preocupa y más tarde conocerás sobre el tema y te harás un experto en ello. El ego estará siempre al acecho y fácilmente caerás en la soberbia del erudito -una pesadez insufrible para el que te escuche de la que solo podrás librarte con la humildad del que muestra, pero no inculca o presume. Por fin, llegarás a la fase de sabiduría que es premio más valioso al que puedas llegar con tu mente humana. Al iniciarte, en la fase de la ignorancia, no sabes cuánto sabes (nacemos sabiendo todo, pero creemos que lo hemos olvidado), irás reconociendo todo lo que te enseñen y lo percibirás con una sensación de «ya lo sabía, pero no sabía como reconocerlo». El ego tiene una capacidad inmensa para convencer a ti mismo de que «lo sabes todo, sin saber de nada». Opina sin saber y juzga sin conocer. Así, se infiltra en lo más puro de tu vida que es aprender. Cuando comienzas a informarte, lo cual implica un gran esfuerzo, descubres cuánto no sabes, es el «solo sé que no sé nada» del filosofo griego. Una vez que conoces del tema descubres cuánto sabes y si el ego sigue dominándote, entonces entrarás en la vertiginosa espiral de las comparaciones con otros que «saben menos o quizá, más que tú». Todos conocemos lo insufrible que es estar un rato hablando con un pedante; un erudito con ego que habla desde el púlpito de la soberbia. Por fin, si llegas a la sabiduría con consciencia y por lo tanto sin ego, descubrirás que, ya no sabes cuánto sabes. Desde ese estado, la vida se transforma en una sucesión de acontecimientos vividos con total plenitud. Es el conocido vivir «aquí...

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Tirar al blanco
Mar19

Tirar al blanco

Después de ganar varias competencias de tiro al blanco, el joven y presumido campeón, desafió a un maestro del Zen famoso por su habilidad como arquero. El joven demostró una habilidad técnica muy buena cuando impactó el centro del blanco en su primer intento. Su segundo tiro era igual de perfecto y dijo al anciano: – ¡Allí lo tiene! ¿Vea si puede igualar eso? Imperturbado, el maestro no sacó su arco. Le hizo un gesto para que lo acompañara a la montaña. Curioso sobre las intenciones del viejo, el campeón lo siguió, hasta que llegaron a un profundo abismo atravesado por un débil e inestable tronco. El viejo maestro caminó tranquilamente hasta el centro del frágil y peligroso puente, escogió un lejano árbol como blanco, sacó su arco, y disparó un tiro limpio y directo. – Ahora es su turno, – le dijo mientras regresaba distinguidamente hasta suelo seguro. El joven miró con terror el abismo sin fondo y no pudo forzarse a caminar sobre el tronco, ni menos disparar al blanco. – Usted tiene mucha habilidad con su arco, – dijo el maestro, notando el aprieto de su desafiante – pero tiene poca habilidad con la mente, que le deja aflojar el tiro. Fuente: tradicional...

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Sin atajos
Ene10

Sin atajos

Cuando un monje preguntó a su maestro si debía leer los sutras, este replicó así: – Aquí no hay senderos laterales ni atajos. – Las montañas permanecen todo el año frescas y verdes. – Tanto al este como al oeste, en cualquier dirección, puedes dar un bello paseo. El monje pidió explicaciones más explícitas, y el maestro contestó: – No es culpa del sol si el ciego no puede encontrar su camino. Maestro: no confundas el medio con el objetivo; la verdad ya está en ti, unicamente hay que encender la luz.   Fuente: tradicional Zen Foto portada:...

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Contemplación
Sep25

Contemplación

Tajima no kami paseaba por su jardín una hermosa tarde de primavera. Parecía completamente absorto en la contemplación de los cerezos al sol. A algunos pasos detrás de él, un joven servidor le seguía llevando su sable. Una idea atravesó el espíritu del joven: – A pesar de toda la habilidad de mi Maestro en el manejo del sable, en este momento sería fácil atacarle por detrás, ahora que parece tan fascinado con las flores del cerezo. En ese preciso instante, Tajima no kami se volvió y comenzó a buscar algo alrededor de sí, como si quisiera descubrir a alguien que se hubiera escondido. Inquieto, se puso a escudriñar todos los rincones del jardín. Al no encontrar a nadie, se retiró a su habitación muy preocupado. El servidor acabó por preguntarle si se encontraba bien y si deseaba algo. Tajima respondió: – Estoy profundamente turbado por un incidente extraño que no puedo explicarme. Gracias a mi larga práctica de las artes marciales, puedo presentir cualquier pensamiento agresivo contra mí. Justamente cuando estaba en el jardín me ha sucedido esto. Pero aparte de tí no había nadie, ni siquiera un perro. Estoy descontento conmigo mismo, ya que no puedo justificar mi percepción. El joven servidor, después de saber esto, se acercó al Maestro y le confesó la idea que había tenido, cuando se encontraba detrás de él. Humildemente le pidió perdón. Tajima no kami se sintió aliviado y satisfecho, y volvió al jardín. Fuente: tradicional...

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Tómate una taza de Té
Sep04

Tómate una taza de Té

Joshu, el maestro zen, le preguntó a un monje que era nuevo en el monasterio: – ¿Te he visto antes? El nuevo monje repuso – No señor. – Entonces tómate una taza de té. Joshu se volvió entonces a otro monje: – ¿Te he visto antes? El segundo monje contestó: – Si, señor, por supuesto que me ha visto. – Entonces tómate una taza de té. Más tarde, el monje que administraba el monasterio, le preguntó a Joshu: – ¿Cómo es que ante cualquier respuesta siempre ofreces una taza de té? Ante esto, Joshu gritó: – Administrador, ¿aún estás aquí? – Por supuesto, maestro – repuso el administrador – Entonces tómate una taza de té Fuente: Internet, autor...

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